Opinión Política

Los gurkhas no han desaparecido

El consultor Fara aborda los ruidos - el caos -, de la actual campaña política entre una oposición que, por primera vez, tiene una primaria competitiva y un oficialismo K que pide moderación.

“Estás buscando alguna religión / Estás buscando un sueño en el placard / Estás buscando un símbolo de paz / Y damos vueltas a la heladera y solo queda un limón sin exprimir”.

Charly García

Por Carlos Fara (7Miradas)

Las estrofas del músico suenan premonitorias: después de varios días parece que Juntos firmó un armisticio, al mismo tiempo que el Frente de Todos le pide a sus candidatos y candidatas bajar el tono y no atacar a Macri.

Siempre sucede: después de la tormenta viene la calma. Lo que no significa que la calma será permanente. En cualquier momento pueden volver a azotar fuertes vientos. El cambio climático también afecta a la política. La cuestión central es: a medida que a alguno de los contrincantes se le escapa el triunfo de las manos, se van a  incrementar los nerviosismos y vamos a volver a ver escenas de pugilato. Es un clásico de la política que alguien desesperado empiece a tirar trompadas al aire a ver si emboca algunas. Son pocos los que piensan con mirada estratégica y cabeza fría cuando las cosas no andan bien. En todos los bandos hay un gurkha que cree que el problema fue que “nos faltó más agresividad”. Ante la falta de reacción de los moderados, el gurkha gana la discusión por la fuerza de los hechos. No asegura resultados, pero se va a dormir con la conciencia tranquila acusando a los demás de “pecho frío”. Nunca nadie sabrá si tiene razón o no, pero gana protagonismo indudable en el entorno.

¿Por qué ambos bandos recapacitaron y tomaron conciencia de bajar el tono? Porque si al fastidio con el status quo político le agregan peleas de entrecasa, los devoran los de afuera. Esto es, pueden incrementar el caudal de votos de las otras fuerzas, sobre todo de las moderadas que 1) no tienen peleas internas, y 2) están disciplinados en no meterse en debates inconducentes, electoralmente hablando. De hecho, el brief (documento de estrategia) del oficialismo – que hoy está a disposición de cualquier ciudadano en todos los medios -, reconoce que hoy estarían 10 o 15 puntos por debajo de 2019. ¿A dónde irán esos votos? ¿a un pariente lejano – como Espert o Juntos -, o a un pariente cercano, como Randazzo? La diferencia de 2019 en Provincia de Buenos Aires a favor del FdT fue de 15 puntos, de modo que el paper de campaña además de ser realista, genera caras de preocupación.

Lo dicen muchos colegas, empezando por el presidente de la International Association of Political Consultants, Mauricio De Vengoechea: el mejor sinónimo de campaña es caos. Toda campaña es caótica por definición. Lo que intentamos los consultores es ordenar un poco el caos. Pero hay una dinámica de fuerzas que está más allá de la buena voluntad de los actores: es la dinámica política e ideológica de cada espacio. L@s candidat@s del FdT no siempre serán tan disciplinados en el tono moderado como les pide el brief, porque lo que está en juego no es solo el caudal de votos. Muchos querrán quedar bien con la jefatura política, que no siempre entiende de matices, sino más de peleas cuerpo a cuerpo, y que cree que la moderación es un ejercicio de relaciones públicas incompatible con la lucha política.

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Como dijimos la semana pasada en esta columna – “El Colo y el Tordo” -, en Juntos habrá paz en tanto y en cuanto no se vuelvan a recelar conspirativamente respecto a que cada bando esté recibiendo alguna ayudita de otros campamentos, interesados particularmente en ese resultado. Los mentideros políticos ya están advertidos sobre esto. Varios se preguntan, por ejemplo: ¿quién le conviene al gobierno que gane esa primaria? ¿quién querrá Macri que triunfe en su fuero íntimo? Difícil de responder: en política lo obvio no siempre es un buen orientador.

En ese marco, los escasos 39 días hasta las PASO van a ser un laboratorio muy interesante

Es la primera vez que el exCambiemos tiene una primaria competitiva que atrae todas la miradas. Hasta acá fue 1) un paseo para el macrismo (interna presidencial 2015), o 2) el PRO tiene las figuras y el profesionalismo del siglo XXI, el resto (del siglo XIX) que acate y vaya atrás. Esta vez es distinto. Gane quien gane, van a disputar hasta el último voto ya que es un  escenario abierto. Y el que triunfe acumulará mucho músculo para 2023. Pero el que pierda no se va a quedar de brazos cruzados.

Los candidatos harán campaña en muchos hogares que, si tienen heladera, solo quedará un limón sin exprimir. Hogares en donde no queda otra que buscar un sueño en el placard. Hogares que buscan un símbolo de paz.

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