Por David Sanger (The New York Times)
WASHINGTON.- Hace menos de 15 semanas, cuando se encontraba en el punto más alto de su retórica sobre cómo terminaría la guerra con Irán, el presidente Donald Trump declaró que “no habrá ningún acuerdo con Irán que no sea una RENDICIÓN INCONDICIONAL”.
Pero cuando ayer finalmente se difundió el texto del acuerdo destinado a poner fin al conflicto, leído párrafo por párrafo por un alto funcionario de la administración que defendió cada uno de sus puntos, el documento no se parecía en nada a una rendición. Por el contrario, Irán salió del enfrentamiento con la mayor potencia militar del mundo no solo con vida, sino con varios motivos para celebrar.
El punto de partida es la reanudación de las exportaciones petroleras iraníes, que permitirá al régimen volver a percibir miles de millones de dólares y aliviar la presión económica, mientras los negociadores se preparan para discutir un documento mucho más importante: el acuerdo que, según Trump aseguró el domingo, debería limitar el programa nuclear iraní durante los próximos 15 o 20 años.
Para un presidente que siempre ha considerado el poder de negociación como su principal activo, esa decisión constituye uno de los mayores misterios de esta guerra. Además, el texto del “Memorándum de Entendimiento” sugiere que, con el tiempo, Irán podría negociar una forma permanente de ejercer soberanía sobre el estrecho de Ormuz.
Eso parece contradecir directamente las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, quien hace apenas unas semanas había afirmado que cualquier escenario distinto al libre tránsito por el estrecho era “inaceptable” y “no podía ocurrir”.
El memorándum, firmado el miércoles por la noche por Trump y el presidente iraní, también abre el camino para que Teherán recupere miles de millones de dólares en activos congelados desde hace años. Trump sostiene que esos fondos solo serán liberados a cambio de “buena conducta”, pero, en esencia, se trata de la misma concesión que Barack Obama otorgó hace once años y que Trump criticó sistemáticamente desde entonces.
Como el propio Trump suele recordar – muchas veces con visible enojo -, Estados Unidos obtuvo importantes logros militares durante la guerra: hundió la modesta marina iraní, destruyó su pequeña fuerza aérea, devastó buena parte de su industria de defensa y eliminó numerosas posiciones y lanzadores de misiles.
Pero esos nunca fueron los objetivos finales. Al comienzo de la campaña militar, Trump habló de destruir completamente los programas nuclear y de misiles de Irán, provocar la caída del régimen e incluso, más adelante, insinuó que Estados Unidos podría controlar la industria petrolera iraní.
En los próximos días, cada detalle del acuerdo será sometido a escrutinio. Los sectores más duros del Partido Republicano ya comenzaron a expresar sus críticas. También lo hicieron los israelíes, que quedaron al margen de las negociaciones y temen que Trump los esté obligando a aceptar un alto el fuego con Hezbollah que limite su capacidad para seguir debilitando al grupo.

Los historiadores debatirán durante años las lecciones de un conflicto en el que Estados Unidos gastó decenas de miles de millones de dólares y que dejó 13 estadounidenses y más de 3000 iraníes muertos, según los reportes conocidos hasta ahora.
Sin embargo, fue el propio Trump quien probablemente ofreció la explicación más sincera sobre por qué necesitaba terminar la guerra con tanta rapidez. El miércoles, desde el Hotel Royal de Évian-les-Bains, a orillas del lago Lemán, dijo que no quería ser comparado con Herbert Hoover.
“Siempre fue el presidente al que no quería parecerme”, afirmó sobre el mandatario que gobernaba cuando el derrumbe bursátil dio inicio a la Gran Depresión. “No quería ver una catástrofe económica”. Más tarde añadió que, de prolongarse la guerra, el mundo habría comenzado a quedarse sin reservas de petróleo.
Precisamente esa combinación de caos económico y crisis energética era, desde el inicio del conflicto, el arma estratégica más poderosa de Irán. Teherán ejecutó ese plan con precisión: cerró el estrecho de Ormuz y atacó instalaciones petroquímicas, plantas desalinizadoras, hoteles y bases aéreas en todo el Golfo Pérsico. Según el propio testimonio de Trump, la estrategia funcionó.
Si esa fue la primera fase del plan iraní, la historia sugiere que la segunda consistirá en ganar tiempo. En negociaciones anteriores, Irán perfeccionó el arte de discutir cada párrafo, introducir nuevos obstáculos a las inspecciones y reinterpretar conceptos como “investigación nuclear” para justificar la continuidad del enriquecimiento de uranio.

Según antiguos negociadores estadounidenses, pocos dominan esa estrategia mejor que Abbas Araghchi, actual canciller iraní y veterano de las negociaciones nucleares.
Mientras tanto, Trump parece dispuesto a aceptar un proceso largo y lento. El martes dijo que no le preocupaba especialmente retirar del país el combustible nuclear iraní – hoy enterrado bajo los escombros de los bombardeos estadounidenses del año pasado – y el miércoles reconoció que las conversaciones probablemente se extenderán más allá de los 60 días previstos.
Todavía es demasiado pronto para determinar si Trump podrá exhibir logros más importantes. Si en la siguiente etapa consigue que Irán exporte todas sus reservas de combustible nuclear – como logró Barack Obama en 2015 – y suspenda el enriquecimiento de uranio durante casi dos décadas, algo que Obama nunca consiguió, entonces podrá reclamar una victoria estratégica de largo plazo.
Del mismo modo, si la guerra termina provocando la desestabilización del liderazgo iraní y una revuelta interna, como Trump planteó al comienzo del conflicto, también podría adjudicarse parte del mérito.
Pero, por ahora, parece estar ocurriendo exactamente lo contrario. Si acaso, la guerra ha fortalecido al nuevo liderazgo iraní, encabezado, al menos formalmente, por el nuevo líder supremo Mojtaba Khamenei, hijo del ayatollah Ali Khamenei, muerto en el ataque que dio inicio a la guerra.
Al mismo tiempo, la Guardia Revolucionaria, responsable durante años del programa nuclear iraní, parece conservar firmemente el control del poder. Aunque un alto funcionario estadounidense sostuvo días atrás que, al lograr la paz, Trump está obligando ahora a esa poderosa fuerza militar a enfrentar los desafíos de gobernar el país.
- Fuente: diario La Nación


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