Por Mauricio Kartun
¡Decime si acá no hay un peliculón! Fernando Asuero fue uno de los más extraordinarios manochantas que anduvo por estas pampas. Prometía curar todos los males tocando el nervio trigémino con un estilete que te metía por la nariz. Era vasco, protegido del dictador Primo de Rivera.
Ortega y Gasset lo llamaba “charlatán irresponsable”. Pío Baroja, “curandero”. El premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal lo calificó de “vergüenza medieval”.
Cuando cayó la dictadura en 1929, el tipo se vino para América.
Un bon vivant fornido del que dicen que era capaz de comerse una vaca entera mientras bailaba, tomaba vino y atracaba mujeres.
Extraordinario propagandista de sí mismo, gran fama sexual se había hecho, y se hacía apodar sugestivamente “Pitón”.
Le sacaba guita hasta a las piedras. Aquí llegó a entrevistarse con Irigoyen y al salir de la Rosada lo deportaron en un vapor.
En todo Latinoamérica su presencia fue una suerte de mezcla de milagrerío y farsa tan gruesa que en cada país que visitaba le dedicaban una canción. En Cuba: “El paralítico”, que grabó el Trío Matamoros. Entre nosotros el tango “Operate el trigémino” (las dos se encuentran en youtube). Florencio Parravicini creó un número exitoso: “¡Nena… tocame el trigémino!”. Y en España este cuplet delicioso “El trigémino” que narra su fama sexual, y que canta Celia Gamez con el más grande encanto de época.
- Imagen destacada, Celia Gamez


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