Economía Política

Unidad: ¿para qué?

Alejandro Bercovich, pasadas las multi interpretadas elecciones parlamentarias de medio término, narró un dilema argentino: lograr acordar el plan que demanda el FMI con la oposición. Misión que parece imposible.

Por Alejandro Bercovich (BAEnegocios)

El vocero del Fondo Monetario, Gerry Ricefue realista y pidió lo imposible, como gritaban las paredes del Mayo Francés. La utopía que desplegó es mucho más audaz que las de los estudiantes parisinos de medio siglo atrás: que el gobierno argentino le presente un plan económico «que cuente con un amplio apoyo políltico y social» y que, obviamente, cumpla con las exigencias de ajuste que suele plantear el organismo a sus deudores. Es lo mismo que ya le habían reclamado en privado en Roma los enviados del staff a Martín Guzmán, cuando volvieron a negarle mayores plazos para pagar y una rebaja en los intereses punitorios. Es lo que va a intentar obtener Alberto Fernández del Congreso, una pileta que ahora amenaza con convertírsele en una ciénaga.

El anuncio del domingo por la noche no fue consensuado previamente entre los dirigentes del Frente de Todos. Es cierto que todos y todas felicitaron al Presidente por haber adelantado que en tres semanas presentaría al Congreso un presupuesto plurianual para luego girarlo a Washington, pero eso fue ex post. Toda una señal de la tensión que se vive en el Frente. El propio ministro de Economía, que se mantuvo tras bambalinas en el Centro Cultural «C», de Chacarita, fue quien defendió la decisión ante funcionarios como José Ignacio de Mendiguren, veterano combatiente de la única la crisis comparable con la actual: la de 2001 y 2002. «Con esto tenemos que comprometer a la oposición», le dijo.

A esa misma hora, Nicolás Dujovne, también a buen resguardo de los fotógrafos, comentaba los primeros resultados con otro dirigente en el centro de cómputos de Costa Salguero. El clima era tenso porque Patricia Bullrich había amenazado con un escándalo si Horacio Rodríguez Larreta insistía en impedirle subir al escenario a festejar la victoria. Saldada esa discusión, mientras el intendente discurseaba con Bullrich a su lado, Presidencia transmitió el video que había grabado Fernández. Cuando concluyó, ante otro de los candidatos que se había quedado en la trastienda, el exministro de Economía canchereó: «Dejarles al Fondo fue lo mejor que hicimos. Así gobiernan bien».

El miércoles, en una conferencia que brindó en Córdoba, Dujovne fue más allá. Reclamó, en línea con el staff del Fondo, «un programa creíble y que resuelva los desequilibrios de la actualidad». Lo hizo sin autocrítica alguna respecto de su plan de abril de 2018, que el FMI sí consideró creíble – a diferencia del actual -, pero que colapsó antes de los seis meses, cuando Mauricio Macri terminó por devaluar violentamente el peso y firmar un nuevo acuerdo, por un monto mucho mayor.

Alberto puso toda su confianza en el ministro Guzmán

«El único consenso unánime en el oficialismo es el de enviar al Congreso el plan plurianual para que se discuta ahí, en público, como no ocurrió en la campaña electoral. A partir de ahí, las intenciones de cada vertiente del Frente divergen. La primera diferencia radica en si lo que aprobará el Congreso será un techo tolerable o una propuesta «a discutir» con el staff.

Tal como se informó en esta columna la semana pasada, las negociaciones están empantanadas en el tema más sensible: el ajuste fiscal. El FMI pretende déficit cero desde el año próximo y superávit creciente con acumulación de reservas de ahí en adelante para empezar a cobrar en 2026 la deuda por 45 mil millones de dólares que dejó como herencia Mauricio Macri. Eso no solo exigiría subirle las tarifas energéticas por encima del 70% a la mitad de la población de mayor poder adquisitivo, de tal modo de reducir la carga de subsidios sin afectar a la otra mitad, sino también restringir severamente la obra pública. Algo que ya estaba previsto (en menor medida) en el proyecto de Presupuesto 2022 pero que amenaza con frenar en seco la recuperación de la actividad.

Guzmán aspira a que el Fondo avale un sendero gradual de recortes, con déficits hasta 2023 o 2024 y equilibrio fiscal recién a la mitad del próximo mandato. Obviamente mira con especial atención los dos primeros años, que es cuando el FdT debe mostrar resultados para aspirar a ser reelecto, con el candidato que sea.

El presidente del Banco Central, Miguel Pesce, también intentó convencer (hasta ahora sin éxito) a Julie Kozack de que el PBI puede crecer el año que viene hasta un 4% -y no un 2,5% como dicen en Washington- sin que se le acaben los dólares. En Reconquista 266 niegan que el Fondo haya pedido que deje de intervenir en el mercado de bonos para evitar que suba el dólar MEP (o dólar bolsa), que saltó de $184 a $200 cuando se corrió. Argumentan que valía la pena hacerlo hasta las elecciones para evitar alimentar una corrida, pero que ahora es mejor guardar esas reservas para importar insumos el año que viene.

En Economía y en el Central coinciden en que el acuerdo es indispensable para estabilizar el dólar pero que las condiciones que plantea Washington son por ahora inaceptables, sobre todo por lo que exigen restringir la obra pública.

¿Qué dice el kirchnerismo? Que si Juntos por el Cambio pretende un ajuste más drástico, como busca también el Fondo Monetario, eso debe expresarse en el recinto y no entre cuatro paredes como hasta ahora fue con todas las presiones que sufrió Economía. Una encuesta que llegó al escritorio de la mismísima vicepresidenta le advirtió un dato inquietante: un tercio de la población cree que parte de la deuda con el FMI fue contraída por la actual gestión. Si ya se diluyó parte de la responsabilidad política local de haberse endeudado a un ritmo inédito ¿cuánto se puede esperar, a tres años y medio, que admita el propio Fondo que violentó sus propios estatutos y convenios para beneficiar a Macri?

Los legisladores que responden a Cristina y a Máximo Kirchner incluso evalúan introducir cambios a lo que presente Guzmán. Y sus máximos referentes aseguran off the record que si Kristalina Georgieva después lo rechaza, se van a tener que arreglar ellos. «Ellos», en este contexto donde todos los puentes parecen rotos, son Fernández y Guzmán.

Massa – renacido según el columnista -, apuesta a sus contactos en Washington

El renacido Sergio Massa también propone pactar. Insiste en bajarle el precio a las gestiones del ministro de Economía y confía en sus contactos en Washington para acercar posiciones antes de marzo. «Hasta ahora hablaron los técnicos. Ahora le toca a la política«, le había dicho enigmático la semana pasada a un empresario, que recién lo entendió con el anuncio presidencial del domingo.

El devaluado Juan Manzur, cuyo volumen político se evaporó en Tucumán entre las PASO y las generales con una sangría de votos sin parangón en ninguna otra provincia, es otro de los partidarios de firmar algo, aunque sea para no cumplirlo. «No me extraña que diga cualquier cosa. En 60 días no lo vi una sola vez con un papel arriba del escritorio», aprovechó para castigarlo ante este diario un ministro, del ala albertista, que sufrió desde el primer día su desembarco.

En un festival del internismo donde la oposición también está cruzada por desconfianzas y zancadillas más dignas de enemigos que de aliados, todos y todas declaman la unidad pero nadie parece demasiado dispuesto a practicarla. Y algo peor: casi nadie sabe muy bien para qué la quiere.

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