Justicia Política

Soria y la Corte Suprema: de seducción nada

El ministro de Justicia, Martín Soria, decidió llevar un pase de facturas a los 4 miembros de la Corte, Rosatti, Rosenkrantz, Maqueda y Lorenzetti. Puentes de comunicación deteriorados con el Ejecutivo.

El ministro Martín Soria entró a las patadas al cuarto piso del Palacio de Tribunales. Su primera visita protocolar a la Corte Suprema no fue una tranquila ceremonia de apretujones de manos y gestos de caballerosidad. Lo mismo que repite en público sobre el funcionamiento del Poder Judicial lo manifestó en privado a los cuatro jueces del máximo tribunal, Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz, Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti.

Y, de yapa, les dejó una carpeta con un reclamo de organismos internacionales relacionados con la ONU la “profunda preocupación por la ostensible demora en que viene incurriendo el Máximo Tribunal en resolver las causas de lesa humanidad”.Soria sabe que en el Poder Judicial no es una figura aprobada, mucho menos querida. Lo asumió y fue a expresar lo que el Gobierno piensa del Poder Judicial. No está claro (sólo el tiempo lo dirimirá) si la confrontación fue una buena elección o si hubiera sido mejor una política de seducción y puentes de comunicación que hoy no existen.

La frontalidad y el estilo directo de Soria cayeron como una bomba en el flamante presidente de la Corte, Rosatti. Sobre todo, cuando Soria le reprochó la forma en que fue elegido al frente del tribunal, con su autovoto, y el de su vicepresidente, Rosenkrantz, en una jugada tan audaz como cuestionada para postergar y desplazar el retorno de Lorenzetti a la presidencia de la máxima instancia judicial del país.

“El pueblo argentino es profundamente democrático: si la máxima autoridad del Poder Judicial se elige con dos auto-votos, difícilmente la sociedad recupere la confianza en la Justicia”. Rosatti entendió de qué se trataba, y prefirió el “silenzio stampa” por todo comentario.

La cuestión de los derechos humanos fue un mazazo al corazón del tribunal. En vida, Carlos Fayt le disputaba a Néstor Kirchner la decisión de pulverizar las leyes de impunidad y reabrir los juicios por delitos contra la humanidad cometidos por la dictadura. Fayt, a quien sus pares actuales suelen invocar como un faro incluso contra el kirchnerismo en materia judicial, sostenía que había sido la Corte la que, en definitiva, había permitido la reapertura de los juicios para saldar cuentas con el pasado más oprobioso de la Argentina.

  • Con información de Néstor Espósito, de Tiempo Argentino

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