Cultura

Los Beatles, aquí, allá y en todas partes

Los Beatles y sus influencias literarias: Dickens, Dylan Thomas, Lewiss Caroll, el slapstick, Shakespeare y los beats. Lo mencionó en un tuit Santiago Llach y remitió a esta nota de Luis Alberto Pescara.

Por Luis A. Pescara

En 1842 un aclamado Charles Dickens viajó por primera vez a Estados Unidos transformado en una celebridad. La fama la había obtenido gracias a las numerosas ediciones piratas de sus libros que circulaban por América. Títulos como The Pickwick Papers y Oliver Twist llegaron a miles de lectores del continente en publicaciones baratas no autorizadas. Esto llevó al escritor a dedicar gran parte de su gira a reclamar una política de derechos de autor seria por parte de los editores norteamericanos, haciendo lobby por la causa frente a figuras influyentes del mundo político. La empresa fracasó, poniéndolo en una posición poco favorable, ya que sus palabras fueron vistas como un ataque a la libertad de prensa. Pero él se había tomado el asunto en serio, incluso haciendo que su personaje Nicholas Nickelby se enfrentara a un plagiador en una novela posterior. Un siglo y medio más tarde, cuando Paul McCartney respondió en twitter la pregunta sobre cuál era su libro favorito no dudó un instante: The Life and Adventures of Nicholas Nickelby.

Hay algo muy dickensiano en la historia de The Beatles, y no solo porque compartían la nacionalidad inglesa con el autor de Cuento de Navidad. Por un lado, el arco narrativo from rags to riches (de los harapos a la riqueza) que protagonizó el cuarteto está muy en consonancia con los ideales románticos, pero socialmente comprometidos, de Dickens. Por otro lado, con la excepción de George Harrison, todos vieron a sus familias fragmentarse cuando era muy jóvenes: McCartney y John Lennon perdieron a sus madres siendo adolescentes, mientras que este último y Ringo Starr fueron criados sin figura paterna, de modo similar al de varios personajes del gran novelista. Esa historia de pérdidas marcó su mirada melancólica sobre Liverpool, la ciudad obrera a la que siempre se ocuparon de homenajear en su música y en sus entrevistas. Quizás esto también fue el secreto de su éxito. “Resulta sin duda milagroso que todas las clases de la sociedad británica – incluso la nobleza y la aristocracia –, abrazaran a los Beatles con un frenesí de aceptación y deslumbramiento no muy distinto al que vivían los fans adolescentes” señaló el Licenciado en letras Henry W. Sullivan en el libro Lacan y los Beatles.

Lennon y una mirada melancólica sobre Liverpool

Quien desde niño recurrió a los libros como una forma de escapar el duro ambiente en el que creció fue Lennon. En una entrevista de 1980, pocas semanas antes de ser asesinado frente al Hotel Dakota en New York, afirmó: “Estaba muy, muy asustado y el único contacto que tenía era leer a Oscar Wilde, a Dylan Thomas o cosas sobre Vincent Van Gogh, todos esos libros que mi tía tenía y hablaban de personajes que sufría por sus visiones. Por eso que ellos veían fueron torturados por la sociedad debido a que trataban de expresarse tal como eran”. Todas estas lecturas anticiparon su tempestuosa personalidad, siempre condimentada con algo de sarcasmo. De hecho, ser escritor fue una fantasía temprana de John, la que parcialmente cumplió gracias a la edición de John Lennon: In His Own Write colección de viñetas absurdas, poesías y dibujos que fue editada en plena beatlemanía y hoy es incunable.

El tuit motivador de la reproducción de esta nota

Al fanatismo lennoniano por Lewis Carroll se le debe I´m the Walrusla referencia literaria más evidente de todo el repertorio beatle. El uso de la morsa, tomada del poema La morsa y el carpintero incluido originalmente en Through the Looking-Glass, es solo uno de los elementos introducidos a propósito en la letra para crear un abanico de imágenes sin sentido con el que John quería confundir a los fans. Además, entre los sonidos que se cuelan en el tema, puede escucharse un diálogo proveniente de una puesta de Rey Lear de William Shakespeare tomado de una transmisión radial de la BBC. Esta clase de recursos lúdicos se hicieron cada vez más habituales en los últimos discos de la banda, conectando con la tradición nonsense británica. En este sentido John también admiraba a Edward Lear, un iconoclasta autor inglés del siglo XIX que se destacó creando poemas absurdos con animales antropomórficos y deslumbrantes ilustraciones.

Paul McCartney se interesó más profundamente por la lectura al instalarse en Londres. Él mismo reconoció que conocer a la familia de Jane Asher, actriz con la que tuvo una relación de tres años a partir de 1963, le abrió definitivamente la cabeza. “Esa familia sabía todo sobre arte, cultura y sociedad” afirmó. En ese entorno fue que Paul tuvo la idea para Paperback Writer, quizá la mejor canción jamás escrita sobre la pulsión de escribir y su choque con los vericuetos del mundo editorial. El tema fue estructurado como una carta de un joven autor pidiéndole a un editor que le dé una oportunidad a su texto de más de 1000 páginas (pero “puedo hacerlo más largo si le gusta el estilo”).

La inspiración surgió de la lectura de un artículo en el diario Daily Mail sobre la pasión de los escritores aún no editados, sumado al desafío de componer algo que no fuera una canción de amor usando un solo acorde. Una cita literaria más oscura es la que aparece en Maxwell Silver Hammer, uno de los homenajes al music-hall tan típicos de Paul, donde se usa la palabra “patafísica”, fruto de su admiración por la obra Ubu Rey del simbolista francés Albert Jarry. Debido a las infinitas horas que llevó grabarla, solo el asistente Mal Evans la pasó bien durante la sesión.

Aquí, allá y en todas partes, título original de la nota de Lucho Pescara

No todas las influencias literarias de The Beatles tienen que ver con el nonsense y la literatura victoriana. El movimiento beatnik estadounidense estaba en su apogeo cuando la generación de posguerra inglesa entró en la adolescencia. Así como consumieron ávidamente los discos de blues que llegaban desde el otro lado del Atlántico, también admiraron a los poetas de la beat generation que revolucionaron la literatura en la década del 50’. De hecho, fue Royston Ellis, un beat inglés, quien sugirió a los jóvenes Beetles que cambiaran su nombre a Beatles, en parte como referencia a la música beat que profesaban, pero también como reconocimiento a la admiración de Lennon por autores como Jack Kerouac, William Burroughs y Allen Ginsberg. Con este último Paul escribió Ballad of the Skeletons en 1996. Y Burroughs tuvo el honor de ser una de las personalidades que aparecen en la tapa de Sargent Pepper Lonely heart Club Band. Existen varios artículos sobre la relación entre los Beatles y los Beats, cuyos miembros, a pesar de tener orígenes disímiles, coincidieron en su búsqueda de expandir su visión del mundo mediante el uso de drogas y el acercamiento a las filosofías orientales.

Pastiche, juegos de palabras y búsquedas espirituales. Todos estos elementos aparecen en Tomorrow Never Knows, canción que comienza con una frase literal del libro The Psychedelic Experience: Manual Based on the Tibetean Books of the Dead de Timothy Leary, Richard Alpert y Ralph Metzner: “Turn off your mind, relax and flow downstream” (Apaga tu mente, relájate y flota corriente abajo). Esta pieza pionera del sampling, gracias a su manipulación de cintas pre-grabadas, incorporó además motivos de la música india fruto de las exploraciones de George Harrison en ese género. Es toda una curiosidad como en la última etapa de la banda coincidieron las postales nostálgicas de la infancia (Penny Lane, Strawberry Fields Forever) con la búsqueda de una trascendencia que solo se podían alcanzar adentrándose en otras culturas. Lo local y lo universal en un mismo envase, una línea argumental que engloba a la perfección el viaje del cuarteto de Liverpool.

Una circularidad que se condice con la letra/conclusión que cierra la suite de Abbey Road: “Al final el amor que te llevas es equivalente al amor que hiciste”. Una frase con la que McCartney reconoció querer emular en estructura a los sonetos isabelinos de Shakespeare. Quizás fue una forma de compensar la satírica interpretación de Sueño de una noche de verano que habían hecho para la televisión en sus primeros años. A veces la mejor manera de homenajear a la cultura es faltándole el respeto.

  • La nota es del blog luisalbertopescara.substack.com

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