Internacional Política

Hasta dónde llega la influencia de Rusia en América Latina

Un informe de la agencia DW analiza cómo en medio de la crisis con Ucrania, presidentes latinos - entre ellos Bolsonaro y Fernández -, se dan la mano con Putin en Moscú. ¿Otra vez la guerra fría en la región?

La visita del presidente brasileño, Jair Bolsonaro a Moscú, en medio del mayor despliegue militar en Europa desde la Guerra Fría y de una posible invasión de tropas rusas a Ucrania, sorprendió a Occidente.

Durante su paso por Moscú, a principios de febrero, el presidente argentino, Alberto Fernández, manifestó efusivamente el deseo de un mayor protagonismo de Rusia en América Latina, aunque luego atemperó sus dichos en relación con Estados Unidos, en medio de la negociación por la deuda externa con el FMI: «Tenemos que ver la manera de que Argentina se convierta, de algún, modo en una puerta de entrada para que Rusia ingrese en América Latina de un modo más decidido», dijo al comienzo de una reunión en el Palacio del Kremlin.

Poco antes, Rusia parecía querer corresponder a ese deseo desde el punto de vista militar. Según su perspectiva, la respuesta al desprecio de Europa por sus intereses de seguridad bien podría ser un aumento de su presencia militar en Cuba y Venezuela. «No quiero confirmar ni descartar nada», se limitó a decir, a mediados de enero, el viceministro ruso de Exteriores, Serguei Riabkov.

Fernández se inoculó con la vacuna Sputnik y manifestó su complacencia: «Ustedes estuvieron allí cuando el resto del mundo no nos auxilió», dijo al manifestarse «profundamente agradecido» ante Vladimir Putin.

Un bombardero ruso de larga distancia Tu-160, en Venezuela.

En Occidente, el tono de Rusia despierta recuerdos de la Crisis de los Misiles de Cuba, en 1962. Entonces, el focejeo ruso-estadonidense en torno al estacionamiento de misiles rusos en Cuba llevó al mundo al borde de una guerra nuclear. Al final, se llegó a un acuerdo: los barcos rusos con misiles a bordo dieron la vuelta y, pocos meses después, Estados Unidos retiró de Turquía misiles de medio alcance que podrían haber llegado a Moscú. ¿Espera Rusia un acuerdo similar en esta crisis de Ucrania?

Günther Maihold, experto en América Latina de la berlinesa Fundación Ciencia y Política (SWP), se mostró escéptico en entrevista con DW: «Conjeturar una crisis cubana tiene poco potencial para la innovación. Eso solo resultaría en una mala copia».

Este politólogo y latinoamericanista alemán consideró escasa la posibilidad de que Rusia incremente su presencia militar de forma permanente en América Latina, por ejemplo, con misiles o bombarderos de larga distancia. Cuba y Venezuela son demasiado débiles y no tienen peso en la región para soportarlo, estimó. «Sin embargo, a nivel de anuncio, esta puesta en escena de una amenaza por parte de Rusia ciertamente funciona», reconoció Maihold.

Pero, además de las amenazas más bien simbólicas de Moscú, los países latinoamericanos y los actores regionales tienen, claro está, sus propios intereses. Y tratan, en parte, de sacar provecho de la crisis de Ucrania.

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Es el caso, por ejemplo, del Gobierno de Nicolás Maduro, en Venezuela. «Tiene interés en agregar sus problemas a este conflicto, a fin de volverse interesante para Rusia y, posiblemente, obtener ventajas», opinó Maihold. Una ventaja sería, probablemente, hallar otra excusa para enterrar de una vez por todas el diálogo con la oposición venezolana en México, según el experto.

Aparentemente, la vecina Colombia, el único «socio global» de la OTAN en América Latina, también ha descubierto la posibilidad de beneficiarse políticamente de la crisis de Ucrania. Durante su actual viaje a Europa, el presidente colombiano, Iván Duque, no dejó pasar ninguna oportunidad de señalar el peligro que representaría Rusia para la región.

Su ministro de Relaciones Exteriores, Diego Molina, indicó que hay presencia de militares rusos en Venezuela, en la zona fronteriza con Colombia, y habló de «injerencia extranjera». En el aire queda la pregunta sobre si se trata de un peligro real o se usa el tema como recurso político interno.

«Iván Duque planteó la presencia rusa como una amenaza para Colombia por razones internas», dijo, sin dudar, Maihold. Colombia celebrará elecciones parlamentarias en marzo y presidenciales a fines de mayo, en las cuales un candidato de izquierda sería el más probable sucesor del derechista Duque. Así que «fue una maniobra para colocar a determinado candidato, durante la campaña electoral, en el marco de un posible peligro comunista», aseguró el analista.

El hecho de que los actores regionales de «segundo y tercer orden» traten de participar en el escenario político internacional también está relacionado, en opinión de Maihold, con que Latinoamérica se ha alejado mayormente de él. Los pesos pesados regionales, México y Brasil, no juegan hoy casi ningún papel a nivel internacional, ilustró.

Si se toma a México como ejemplo, la segunda mayor economía de Latinoamérica erigió el principio de la no injerencia como bandera, bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrador. El perfil de política exterior de México está tan difuminado, entretanto, que apenas se espera algún impulso suyo.

Por otra parte, López Obrador invitó a Putin a México a comienzos de 2021. En ese momento, ambos mandatarios se comunicaron por teléfono y conversaron sobre la entrega de 24 millones de dosis de la vacuna rusa Sptunik V. Y, ciertamente, la diplomacia rusa de la vacuna en Latinoamérica podría ser mucho más conveniente y sostenible que el caro y políticamente arriesgado estacionamiento de aviones y misiles.

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