Cultura Opinión

La fascinación por la estética nazi

Sobre 90 años de estética nazi implícita a nuestro alrededor, se explayó el profesor Roberto Estévez Rodríguez, en The Conversation. Así, de inocentes no tienen nada la muñeca Barbie, como tampoco la saga Star Wars ni comics estadounidenses.

Por Roberto Estévez Rodríguez (The Conversation)

El 5 de septiembre de 1933 Adolf Hitler es aclamado como el nuevo Führer del Reich de los 1 000 años. Un acuarelista fracasado en su intento de acceder a la Academia de Bellas Artes de Viena reclama una posición de artista para hacer realidad su sueño. No se encuentra solo, sino que la mitad de los miembros del régimen nacionalsocialista están implicados a alguna actividad creadora.

Casi doce años después, el 30 de abril de 1945, Hitler se suicida en su búnker. El 8 de mayo Alemania capitula. Así se pone fin a una era dominada por el terror y el conflicto en el que las tres ideologías – fascismo, comunismo y democracia –, libraron la guerra por la supremacía mundial. Meses antes, en febrero de ese mismo año en Yalta, Rusia, Estados Unidos y Gran Bretaña firman un tratado para la repartición del nuevo mundo que surgirá después del conflicto.

Tres cuartos de siglo después, aún la historia es recurrente y la estética nazi pervive y, al igual que el rock & roll, siempre vuelve.

No solo el cine, la literatura o el teatro recurren explícitamente a la estética y a la narración de los hechos que acaecieron, sino que pervive silenciosamente entre nuestro día a día. Desde los discursos políticos, la propaganda, las muñecas Barbie, las metanfetaminas, la pornografía, los superhéroes y Star Wars.

La historia negra del «auto del pueblo»

En 1934, Ferdinand Porsche recibió un encargo de Hilter: un automóvil familiar, económico, robusto y de fácil mantenimiento. El «escarabajo» (Volskwagen) estaba en camino. El estreno tuvo lugar con Porsche al volante y Hitler de copiloto. Al estallar la II Guerra Mundial, la fábrica de Wolfsburgo paralizó la producción para dedicarse a fabricar variantes militares del “escarabajo”, como los  Kübelwagen y Schwimmvagen. En 1945 se reanuda la producción y así Volkswagen se convertiría en una pieza fundamental de la economía y el desarrollo de Alemania. El 10 de julio del 2019 salió la última unidad de la fábrica de Puebla (México).

Ahora sigamos con la muñec Barbi. Desde su creación en 1959, la famosa muñeca de Mattel ha vendido millones de unidades alrededor del mundo. Pero su origen no fue tan inocente. Barbie fue diseñada por Ruth Handler, cofundadora de Mattel. Se inspiró en las muñecas de papel con las que jugaba su hija Barbara. La muñeca se inspira en una canción popular, Lili Marleen, y de ahí pasará a ser una creación del dibujante Reinhard Beuthien para el periódico alemán Bild-Zeitung: Bild Lilli, conocida popularmente como Lilli. Era una tira cómica en la que se cuenta su día a día. Lilli era una mujer descarada, que no dudaba tocar temas sexuales sin rubor alguno. Por lo que simbolizaban, las muñecas se vendían como juguetes para adultos y se regalaban en las despedidas de solteros.

Sin embargo, Ruth supo ver su potencial oculto. Así, el 9 de marzo de 1959 nace Barbie, de la que se venderán más de 1 000 millones de unidades.

La nada inocente muñeca Barbie

Si hay un arte que el nazismo explotó con pasión fue el cine. La Alemania nazi sirvió de inspiración para la creación de la saga Star Wars. George Lucas imaginó a los que iban a ser los villanos de la película. El Imperio Galáctico se convertirá en un brutal enemigo contra el que luchar (el lado oscuro). Lucas se fijó en la Alemania nazi para crear un prototipo de maldad que todos pudiésemos reconocer.

Fue la controvertida Leni Riefenstahl, la musa de Hitler, quien reflejó con perfección la naturaleza del cine alemán de esa época. Ella supo vender el mensaje nacionalsocialista mediante una escenografía revolucionaria. Así, la escena de El despertar de la fuerza con las tropas de la Primera Orden formando ante el general Hux es tomada directamente de El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl. Los uniformes, la organización militar y la música de toda la saga nos remiten a la estética nazi.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los cómics estadounidenses fueron tanto entretenimiento como propaganda política, a semejanza del enemigo. Fue entonces cuando artistas como Jack Kirby y Jerry Siegel pusieron a sus personajes a luchar contra el nazismo. El Capitán América encontrará a su archienemigo en Hydra, una organización nazi dirigida por Cráneo Rojo que será una continua amenaza por sus planes para dominar el mundo.

La saga Star Wars, inspirada en la Alemania nazi

Basada en el cómic del mismo nombre de Garth Ennis y Darick Robertson, en la serie The Boys, la organización Voght tiene orígenes nazis y la sustancia que usan – el Complejo V –, para crear a los superhéroes es descubierta por un científico que experimentó en humanos sin su permiso hasta perfeccionarla, lo que hace alusión a los experimentos de Josef Mengele, el “Ángel de la Muerte” destinado en el campo de concentración de Auschwitz (Polonia).

Su estética nos rodea y lo aceptamos, ya que a muchas personas les fascina el fascismo y la aceptación del orden y la naturaleza de lo irracional: primero sentimos y luego justificamos con la razón nuestros actos.

El fin de la Guerra no significó el fin de la idea. La estética nazi convive hoy en día entre los ciudadanos de las nuevas democracias occidentales, es asumida en una forma neurótica en una disonancia resuelta a favor de esta. No debemos olvidar que toda esta estética fue orientada hacia unos ciudadanos normales y semejantes a nosotros.

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