Cultura

Sontag y el feminismo: «siempre se opuso a solidaridades que solo hermanan creencias, género o raza»

El hijo, David Rieff, quien compiló la obra imprescindible de Susan Sontag (1933-2004), resaltó su racionalismo y ratificó que en los últimos años pensaba que la humanidad estaba en un proceso de descomposición.

Por Ana Clara Pérez Cotten (Télam)

Con una selección de estudios, ensayos, artículos, relatos y fragmentos de novelas y de diarios de Susan Sontag, su hijo, el escritor David Rieff, elaboró «Obra imprescindible», una antología de más de 750 páginas pensada para que los lectores hispanoparlantes accedan a la obra de una de las escritoras e intelectuales más trascendentales de la segunda mitad siglo XX.

«Lo que mi madre más quería era que su obra fuera recordada por la perdurable originalidad de lo que había hecho, pensado y escrito, y no porque había sido famosa», dijo Rieff a Télam.

-De aquel proyecto que nació de un borrador en la hoja membretada de un hotel al libro ¿Qué se mantuvo y qué cambió en el camino de la edición?

-Desgraciadamente, Claudio (López Lamadrid, el útimo editor de Susan Sontag) falleció el año pasado y no llegamos a tener el tiempo suficiente para discutir. He tenido que reinventar el proyecto. Invité al traductor en español de la obra de mi madre durante los últimos veinte años, el poeta centroamericano Aurelio Mayor. Es una obra colectiva, de tres autores.

-Cita a Borges en el texto introductorio: «Cuando los escritores mueren se convierten en libros, lo que, al fin y al cabo, no es una encarnación tan mala». ¿Cómo encarna la obra de Sontag hoy?

-Soy la persona menos indicada para analizar esto. El destino de las obras literarias depende de muchos factores: del clima político y cultural y también de cómo las personas se interesan por las obras durante una época. El panteón de autores, durante mi adolescencia, era muy distinto al que tenemos ahora. Entonces ¿Cómo sobrevivirá la obra de mi madre? En este momento hay mucho interés…Ahora, por cuánto tiempo perdurará este interés, no lo sé.

-Sontag usaba la expresión «perdurará» cuando quería referirse a la obra notable de otros, a un destino garantizado por cierta «calidad» de lo que escribían. ¿Pero a qué se refería específicamente cuando decía de un texto «perdurará»?

Toda persona con un gran miedo a la muerte y la extinción quiere pensar en que la obra al menos perdurará. Y eso también le pasaba a mi madre. En otras personas la preocupación es por la lucha política o por una causa…los escritores escriben con la fantasía constante de pensar cómo los van a leer en el futuro. Cuando hablamos del recuerdo de un autor hablamos en términos groseros. ¿Cien años? ¿Doscientos? Leemos todavía a Cervantes pero…¿Por cuánto más? En cierto punto no importa, cuando Borges, Philiph Roth o Barthes se preocupan por el futuro de su obra pensaban en décadas o un siglo. Es reconfortante en términos de la finitud de la vida real.

David Rieff : «En los últimos años (Susan) pensaba que «la estupidez iba ganando la batalla» en el mundo

-Sontag deseaba vivir mucho para «ver hasta donde llega la estupidez». Parece, en una primera lectura, una frase pesimista pero en realidad encierra una voluntad férrea de permanecer para poder leer la época. ¿Qué vislumbraba en el horizonte? ¿Cuál es el mosaico de la estupidez?

-Hay muchos chistes sobre el pesimismo. Ella en los últimos años pensaba que la estupidez iba ganando la batalla y no pudo ver ni el Brexit ni a Trump. Para alguien a quien le importa la gran cultura mundial, las artes clásicas y orientales – porque ella también se interesaba en China, Japón, e India -, era claro ver que había un proceso de descomposición.

-«El tercer mundo de las mujeres» es la primera vez que se publica en castellano. ¿De qué estaba hecho su feminismo?

-Estoy trabajando en una edición norteamericana que se llamará algo así como «Sontag on women» con un prefacio de una nueva escritora y ensayista muy interesante, Merve Emre, turca. Entre todas las versiones del feminismo, ella nunca había simpatizado con la de intuición o de emoción. Hay un intercambio entre ella y la poeta Adrienne Rich, que está en el capítulo «Fascinante fascismo». La suma de varias versiones de la irracionalidad o del argumento en contra del racionalismo sé que ella lo padecía. No creo que hubiera cambiado. Siempre se opuso a las ideas intuitivas o las solidaridades que solo hermanan creencias, género o raza.

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