Opinión Sociedad

¿Qué cosa, no?

Los argentinos somos amigueros y charlatanes. Pasa el tiempo y las pasiones siguen encendidas. Un grupo de alumnos de una escuela de Devoto, se reencontró tras 54 años. He aquí el breve relato de uno de ellos.

Por Miguel Ángel Larrosa

Año 1968. Vélez campeón del fútbol local; Estudiantes de la Plata, Intercontinental (o del mundo, como lo recordamos). El armario empotrado en el salón siempre fue un buen recurso (para espantar profesores). Calle Pedro Lozano, entre Mercedes y Gualeguaychú, en el barrio de Devoto, de la capital federal. En la esquina estaba la farmacia y funcionaba un teléfono público. Enfrente, un precario kiosco, que vendía fasos sueltos.

El tranvía ya no circulaba y los Murúa (padre e hijo), siempre estaban firmes y con una sonrisa en el buffet-ventana, donde ibamos por sándwiches, alfajores, pizza fría y alguna gaseosa. ¿El aula? La recuerdo enorme. Cabían 42 alumnos. Aunque, vaya uno a saber por qué, la última vez que la volví a pisar, la observé pequeña. ¿Qué cosa, no? El corazón se encarga de contradecir lo que los ojos ven.

Igual, oteemos: –Puente y Etcheverry, sentados en primera fila; –¡Por Dios!, José (Puente) siempre con ese pelo engominado; -Etcheverry, flaco y largo, con anteojitos, medio tronco jugando al fútbol, pero fuerte y veloz; Mesías («Tucu», entonces, «el Chinito», en sus años musicales en el sur), algo chueco, con su infaltable anillo de sello: aparentemente, era de oro; lo giraba con su mano derecha, como jugando cada vez que pasaba «al frente»; y Ostinelli que ¡dale que dale con Julio Sosa!; también se sentaba al lado mio en la cabecera, del lado de la ventana, que daba al patio donde se alzaba el mástil con nuestra enseña nacional.

Me acuerdo de Freda y Jaime, ¡profesores capos! Jaime, no pedía libros, sino que dictaba sus clases de geografía. Freda, de Literatura, se tomaba el trabajo de mimeografiar (no fotocopiar) poesías. Entregaba una copia a cada uno de los alumnos del curso.

Era un clásico: con Ostinelli jugábamos furtivamente al Quevedo-Góngora, por debajo de nuestros escritorios, mientras Freda nos enseñaba sobre las figuras literarias. Consecuencia lógica: estudiar la materia para diciembre.

¿Me olvido de otros profes y compañeros? Obvio. El olvido es más democrático que la memoria. Pero valga el rescate de este homenaje a todos los protagonistas de nuestra adolescencia.

La «Patria», entonces, era ese corto trayecto que iba de la puerta de mi casa hasta el cole. La campanilla sonora de salida me devolvía de regreso al otro hogar, el familiar.



1 comment on “¿Qué cosa, no?

  1. Avatar de Pablo

    Hermoso relato. Me cuesta mucho escribir algo original o creativo. No poseo la facilidad de Miguel Ángel. Se ve que el, a pesar de jugar conmigo al juego de Quevedo-Gongora, prestó mas atención a Freda que yo. Además tengo agüita en los ojos. Lindo llegar a mi edad y ver que hay un grupo de compañeros del Comercial 11, que recuerda con tanto cariño nuestro paso por tan hermosa escuela. Un abrazo a todos los que recuerdan estas historias, y a los que no, qué lástima!

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