No siempre fluimos como el agua. A veces nos quedamos estancados. Y esas veces pueden ser noches solitarias, días melancólicos, momentos fugaces. Eso es lo importante. Que sean situaciones transitorias y en lo posible brevísimas. Porque no somos inmunes a la tristeza, y hay pensamientos que pueden agravarla si se perpetúan en las paredes de la habitación.
La pandemia por el coronavirus fue desafiante en este mismo sentido. Los días de cuarentena hacían que uno pudiera caer en el encierro mental durante tiempo indefinido. Pero ya estamos en situaciones normales, donde caminar por la calle dejó de ser un privilegio. Volvió la misma rutina de siempre. ¿Le agradecemos lo suficiente al mundo por dejarnos vivir con la libertad que nos da?
Libres de los peligros de la naturaleza, los seres humanos arman su propio camino, por supuesto que guiados con las señales de sus familiares y su círculo social. Siempre hay un descarriado que, con valentía o locura, se va por un camino totalmente distinto. El propósito es vivir con felicidad, y si eso ayuda, enhorabuena. Hay muchas posibilidades, pero solemos elegir las que nos quedan más cómodas.
Pero lo que no es nada cómodo es el ataque de los pensamientos. Hayamos hecho lo que hayamos hecho, ya sea ir por el camino A en vez del camino B, estar tranquilo con la vida o disconforme, los mal intencionados pensamientos siempre están. Listos para atacar, acechan en las noches de insomnio, los momentos de soledad, y en la espera de la nada.
Como todo, hay que practicar. El combate es difícil. Pensar en un viejo amor, en un familiar que se fue, en un problema que aun no tiene solución, pueden hacer mucho daño si no lo paramos a tiempo.
Pero ante la imposibilidad de evitar ese mal momento, se pueden amortiguar sus golpes. No hay solución concreta. Simplemente práctica y autoconocimiento. Sentir tristeza es humano, pero como dicen por ahí, el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. Hay momentos para todo, pero ninguno debe dominar sobre otro, y mucho menos que los negativos nublen el cielo estrellado de incógnitas e ilusiones.


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