Sociedad

Filosofía para evitar momentos «fuleros» en las fiestas de Navidad y Año Nuevo

Ana Plakias, filósofa neoyorquina, dio una serie de recomendaciones para sobrellevar los momentos irritantes que suelen producirse en las fiestas de fin de año. Ubicarse, darle espacio al otro, no dramatizar, apelar al buen humor y ser flexible y tolerante. Elemental Watson.

Por Alexandra Plakias (The Conversation)

Las reuniones en épocas de Navidad y Fin de Año ofrecen muchas oportunidades para momentos incómodos. Las discusiones políticas, por supuesto, pueden generar problemas. Cada vez que hay diferencias de opinión, distanciamientos familiares persistentes o comportamientos se desvían hacia lo inapropiado, puede surgir esa sensación de desubicarse.

La incomodidad es lo que sucede en interacciones sociales cuando de repente te encuentras sin un guión que te guíe. Quizás la situación sea nueva o te soprenda desprevenido. Tal vez no sepas qué se espera de ti o no estés seguro de qué papel estás desempeñando en el drama social que te rodea. Es una sensación que se caracteriza por sentimientos de timidez, incertidumbre e inquietud.

Como filósofa que estudia la psicología moral, quería comprender las formas en que la incomodidad social impide que las personas aborden temas difíciles y conversaciones desafiantes.

El engorro parece inhibir a las personas, incluso cuando sus valores morales sugieren que deberían hablar. Pero también tiene un papel positivo que desempeñar: puede alertar a las personas sobre áreas en las que sus normas sociales no funcionan o están obsoletas.

La gente suele culparse a sí misma cuando vive momentos fastidiosos. Pero el extravío es en realidad un fracaso colectivo: las personas no son incómodas, sino las situaciones. Y estas últimas se vuelven contrariadas porque no tienen los recursos para navegar situaciones sociales difíciles.

Como filósofa que estudia la psicología moral, quería comprender las formas en que la incomodidad social impide que las personas aborden temas espinosos y conversaciones desafiantes.

La incomodidad a menudo se confunde con la vergüenza, pero ambas son diferentes, al igual que sus remedios.

El desagrado parece inhibir a las personas, incluso cuando sus valores morales sugieren que deberían hablar. Pero también tiene un papel positivo que desempeñar: puede alertar a las personas sobre áreas en las que sus normas sociales no funcionan o están obsoletas.

La incertidumbre es el oxígeno de la incomodidad. Antes de involucrarte en una interacción potencialmente incómoda o polémica, pregúntate: ¿qué quiero obtener de esto?

Cuando tienes claros tus objetivos para la interacción no sólo estarás en mejores condiciones de desempeñar tu papel en ella, sino que también darás señales más claras a los demás, ayudándolos a desempeñar sus papeles en el drama social.

Entonces, si te preocupa qué sucederá cuando tu tío comience su perorata política de todos los años, piensa en cuál quieres que sea el resultado.

¿Quieres convencerlo de que está equivocado? Es poco probable que eso suceda. ¿Quieres que otros miembros de la familia se sientan menos molestos? ¿Quieres que se escuchen sus propios puntos de vista?

No estoy sugiriendo que la prevención hará que las cosas vayan bien o garantizará que nadie resulte herido. Pero te ayudará a sentirte más seguro de tu capacidad para navegar hacia el resultado deseado. Las situaciones incómodas generan una intensa sensación de ser consciente de ti mismo.

Esto es contraproducente. Al concentrarte en ti mismo no estás en sintonía con las personas que te rodean ni con las señales que te envían, señales que podrían ofrecerte una salida de la situación inconveniente.

Así que asegúrate de prestar atención a los demás actores del drama, no sólo a tu propio malestar.

Las personas planifican mucho en otras áreas de sus vidas, pero esperan que las interacciones sociales fluyan sin esfuerzo.

Al igual que una caminata por el bosque, a veces una conversación va mejor cuando la abordas con un mapa. Ten a mano algunos temas o preguntas de referencia.

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Y no es necesario que lo hagas solo. Si te preocupa abordar un tema delicado o interactuar con un invitado particularmente irritable, coordina hacerlo junto a un amigo o familiar.

Si esperas ver a alguien con quien tienes una relación no resuelta (un familiar distanciado, un viejo amigo con quien no te portaste bien), procura hacer un trabajo de preparación previo.

Los correos electrónicos o las cartas pueden brindar a las personas la oportunidad de procesar reacciones sin ponerlas en aprietos. Tener a mano algunas ideas puede hacer que las cosas sean menos disgustantes. No tiene por qué ser algo formal.

Puedes dejar algunas tareas para los invitados que, de otro modo, podrían estar contrariados sin nada que hacer, como poner aderezo a la ensalada o colocar los cubiertos en la mesa.

Si a pesar de tus mejores esfuerzos el disgusto surge, ofrece a las personas una salida: probablemente la aprovecharán.

No tiene que ser algo trascendental; podría ser una pequeña broma, un tema de charla trivial o incluso (y sólo si las cosas se ponen muy desesperadas) tirar una cuchara de la mesa para romper el silencio.

Estas estrategias pueden ayudarte a evitar los sinsabores. Pero tómate un momento para considerar si realmente quieres hacerlo. La incomodidad es el resultado de la incertidumbre social; hace que las cosas vayan más lento y frena un tanto la confianza.

En su ausencia, podrían aparecer otras emociones. La ausencia de incertidumbre puede ser un alivio, pero también puede generar ira, tristeza y otros sentimientos que sería mejor guardar para otra ocasión.

Entonces, si las cosas se ponen fuleras, vale la pena mirar a tu alrededor para ver qué papel está desempeñando ese incordio y qué podría ocupar su lugar si desaparece.

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