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El dinero y los afectos, ¿una batalla innecesaria?

El ser humano está hecho de emociones, entre otras cosas. ¿Se puede dejarlas a un costado al momento de hacer negocios? Indudablemente millones de personas pueden trabajar porque se arman de un valeroso escudo que les protege del latente peligro.

Por Eduardo Gómez Zaragoza de la Rosa de Córdoba

Mi padre se ha empeñado en alumbrar la familia con sus largas horas de trabajo. Sin embargo, nada aseguraba la cosecha. «Los negocios pueden ir muy bien, vendiendo a mayor precio, o tener que venderlo bajo», decía. Con lo reflexivo que era, se salteó la búsqueda aristotélica del equilibrio en el punto medio. Descuidaba la parte que yo insistía mantener: los sentimientos. ¿Son necesarios?

Si bien las nuevas generaciones son tildadas de «hipersensibles», de «cristal», y demás estigmas, lo cierto es que siempre existimos quienes le damos importancia al trato, por sobre todo al buen trato. Esto no es significa ser vulnerable ante el mínimo agravio, sino levantar la vista para ver más allá de lo material. Por supuesto, con quienes vale la pena. Con quienes forman parte de nuestras emociones.

Así es como le cuestionaba a mi progenitor el por qué no se puede tener una relación afectiva con el multimillonario mandón. Para él, los adecuado es no sobre pasar el status de «buena relación». Un paso más allá sería ponerlo todo en riesgo, por una palabra molesta, por un gesto, o por un disgusto al todopoderoso desde algún rechazo, ya sea real o inventado.

Si bien decían que los reyes no tenían amigos, sino seguidores y enemigos, le insisto a mi padre que así como se puede vivir gasolero ganando mucha plata, se puede amar y creer en el otro haciendo grandes negocios. Para él, se llega a un punto en el que se conoce demasiado al humano, entendiendo que la mentira es una parte esencial de la rutina.

Pero para generar lazos de confianza se requiere honestidad. Mi padre dice que no. Que todo se come, y más al que está abajo. En todo caso, la sinceridad sería un plus, algo secundario, si es que no te arruina. La confianza se basaría, desde su visión, en la existencia de un margen de seguridad que permita entregar para saber que se va a recibir.

No se dónde terminará este debate. Quizá padre tenga razón en que el trabajo va por una vía, y los afectos por otra. Me lo quiso hacer entender mil y un veces. Hasta hizo que me imaginase a una persona en una cama, con una vía en un brazo, recibiendo el suero del pragmatismo, y del otro la caricia de su amante.

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