Por Norma Lafuente D’abiduría
«En esta vida nadie te regala nada», se escucha de vez en cuando. Es una frase que caló hondo en antiguas y últimas generaciones. La oración tiene algo de por sí visiblemente criticable: tiene no uno, sino dos absolutos. «Todos», «siempre», «nunca», «imposible».
Estas palabras tajantes sirven para sacarnos del apuro y dar cierta certeza cuando la circunstancia es medianamente atinada. Pero en el caso en cuestión, lo categóricamente dicho resulta ser una mentira.
La razón por la que seguimos repitiendo y creyendo en que si se quiere algo hay que comprarlo, es por funcionalidad del sistema mercantil. Recibir algo sin dar nada a cambio es lo que más pone en cuestión su lógica. Pero todos (nuevamente el absoluto, pero esta vez utilizándolo en pos de la armonía) hemos vivido una situación de estas.
Vaya si no se han creado situaciones o excusas para que lo que se regala tenga «justificación». Véase a Papá Noel, quien solo viene en Navidad. ¿Qué hace el resto del año? No se sabe. Pero tiene un rol muy importante en la sociedad: se encarga de que la alegría colectiva esté bien reducida y limitada.
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Cuando alguien nos da su ropa porque se compró una nueva y a nosotros nos gusta; cuando te pagan el boleto del transporte porque te olvidaste la tarjeta/plata; cuando una persona se muda y entrega los muebles que le quedaron a sus conocidos; o cuando sencillamente un niño recibe un regalo de cumpleaños. Son escenas que pasan de largo, pero que existieron. Pasan y nos lo olvidamos, pero sí recibimos un regalo.
Sin materializar tanto la cosa, piénsese en todo lo que dan las relaciones humanas del amor, sean amistosas, familiares o románticas. Si son sanas, entregan e inevitablemente reciben, sin tener siquiera que pedirlo.
Los regalos sí existen, y quizá sean momentos fundacionales, porque se desprende el dueño de su posesión, y el adquirente recibe una nueva dimensión para explorar sus deseos.
Uno se alivia y el otro se alegra. Y así debe seguir la rueda. Para que cada vez sean mayores los índices de alivio y alegría, superando todos los rebotes por venir.


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