Reflexión

Entrevero entre realidad y fantasía; mundo y poesía

Miguel Gaya se colgó de "algo triste y poético" para recordar lo escrito en El emigrado, en 1979. La juventud perdida entre gente extranjera y la vejez que no trae el consuelo de oír la propia voz.

Por Miguel Gaya

Recién Gastón Ribba publicó un post (NR: en rigor, no es actual) con esta noticia: «Acabo de leer en Twitter un pedido en una comunidad de psicoterapeutas. Se busca un psicólogo que hable japonés en el dialecto de Okinawa para un paciente de noventa y tres años radicado en Argentina desde hace más de sesenta, que habla perfecto el castellano pero sólo puede poner en palabras algunos recuerdos de su infancia en su lengua madre. La profesional que hizo el pedido dijo: es lo más triste y poético que he leído en mucho tiempo.»

Como siempre, realidad y ficción, mundo y poesía, van entreverados. Me hizo acordar a un poema que escribí en 1979, sin asidero alguno con un caso real, o eso suponía. De algún modo, preanunciaba o repetía la historia:

El emigrado

Un poeta que hablaba mi lengua

y no la de ustedes

pero a quien traiciono hablando como ustedes

para que ahora lo entiendan

decía

“Mis ojos hace tiempo se niegan a ver claro,

desde el último mes, mis oídos son sordos,

la juventud perdida, adónde iré a buscarla?”

Sin embargo yo, siendo joven,

tuve ojos que vieron sin entender

y oídos que fueron sordos a las voces de otros hombres.

Mi juventud pasó entre gente extranjera

y la vejez no me traerá el consuelo de oír mi propia voz.

¿Cuál será para mí la edad de la razón,

quién me mirará alguna vez como a un hombre?

Espero la muerte

como quien llega al fin de una jornada sólo fatigosa.

¿Es mi corazón el único que palpita en esta tierra extraña?

  • Escrito el 10 de mayo de 1979 y pubicado en el libro Grupo Onofrio de Poesía. Ediciones en Danza. 2006.

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