Por Hernán Brienza
Lo que destruye nuestras vidas es el descubrimiento de que nosotros no somos ni vamos a hacer nunca lo que creíamos ser (podríamos decir también queríamos ser).
No importan nuestros talentos ni nuestras capacidades objetivas. Es esa certeza, diría, casi pessoiana (por Fernando Pessoa, escritor portugués, autor del poema Tabaquería), de que uno «no es nada ni debería ser nada».
A partir de allí, sobreviene un abandono leve, sutil, pero incontenible que nos lleva a la melancolía.
Seguimos adelante, con esa derrota a cuestas. Y solo nos queda admirar la ceguera de quienes triunfan en la vida porque negaron su propia mediocridad, como la de todos, y se sobrepusieron a ella con una valentía que la lucidez no nos permitió a nosotros.


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