Reflexión

Ser sensibles nos acerca a Dios

Autodefinido como un cristiano sin Dios, el periodista Hernán Brienza elucubró sobre la fe. Ahora, que en el mundo los poderosos simulan ser el Mesías, resaltó la sensibilidad, inclusora de los sentidos y lo racional.

Por Hernán Brienza

Mi amigo y guía espiritual Ariel Dorfman me dijo: «Dios está en la relación con los otros». Yo, que soy un cristiano sin Dios, me le reí. Como dijo otro, Ricardo Forster en la presentación de mi libro En contra del Bien: «Hernán usa el humor porque no soporta ser un hombre de fe». En una hermosa merienda, mi maestra en filosofía, Gisela Suazo, me preguntó despues de leer el texto: -Si el Bien absoluto no es el bien ¿de que bien podemos hablar? Vos sos un hombre de fe.¿Pero qué es el bien para vos?, le lancé. Como hacen los grandes maestros, no me dio la repuesta – posiblemente ella tampoco la tuviera – pero me sugirió que escarbe en el concepto de sensibilidad…

Me levanté pensando en que quizás mi humor ácido y angelical no sea otra cosa que un pedido de misericordia hacia los demás, una forma de evitar quedar expuesto. Expuesto y, por lo tanto, sensible ante los otros.

Germán Oesterheld en el Eternauta II dice mirando a los habitantes de las cuevas de Buenos Aires (positivizando la máxima sartreana): «El paraíso son los otros». No estoy muy seguro que el paraíso o el Bien sean un lugar, un decálogo, una intención ni un resultado. Quizás el Bien, el paraíso o un Dios mínimo estén, apenas, en la leve disposición a ser sensibles al otro, sensibles no en el sentido apacible del término, si no en una variante contradictoria, tumultuosa.

En la sensibilidad ante la compejidad y las sensibilidades de los otros en sus particularidades. Pero en la sensibilidad como algo que incluye lo sensorial y lo racional.

Concluyo, entonces, con mis amigos (pensando en equipo): «Dios está en la relación de sensibilidad que establecemos con los otros».

  • Fuente: escrito en la cuenta de Facebook de Hernán Brienza

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