Por Jesica Rizzo (La Nación)
A 40 años de la catástrofe, Chernobyl ya no es solo el escenario de un accidente, sino un territorio donde conviven pasado y presente en una tensión permanente. La central nuclear, detenida definitivamente en el año 2000, continúa siendo un punto crítico: allí se almacenan residuos radiactivos y se desarrollan tareas de control que requieren vigilancia constante.
El símbolo más visible de ese esfuerzo es el Nuevo Confinamiento Seguro (NSC), una gigantesca estructura de acero que cubre el reactor 4, destruido en 1986. Este “sarcófago” moderno no elimina el peligro, pero lo contiene: está diseñado para aislar el material radiactivo durante décadas y permitir el desmantelamiento progresivo de la vieja estructura dañada. Bajo su arco monumental, el núcleo del desastre sigue allí, inmóvil pero activo.
A pocos kilómetros, Pripyat permanece congelada en el instante de la evacuación. Sus edificios vacíos, el parque de diversiones oxidado y las aulas abandonadas forman un paisaje inquietante, donde la ausencia humana se vuelve protagonista. Sin embargo, la vida encontró su manera de regresar: árboles que crecen entre el cemento y animales que recorren calles donde antes hubo multitudes.
Más lejos, Slavutych ofrece un contraste. Construida tras el accidente para alojar a los trabajadores de la central, es hoy una ciudad habitada que funciona como base operativa. Desde allí parten técnicos y científicos que ingresan a diario a la zona de exclusión, sosteniendo un trabajo silencioso que mantiene bajo control un riesgo que nunca desapareció.
A 40 años, Chernobyl sigue siendo una zona bajo vigilancia permanente. Lo que ocurrió en 1986 no terminó: se transformó en un proceso de control continuo que exige tecnología, recursos y memoria para evitar que la historia vuelva a repetirse.
- El link con la nota completa con numerosas fotografías: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/chernobil-40-anos-despues-la-vida-que-volvio-donde-el-tiempo-se-detuvo-nid02052026/


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