Cuento Literatura

El despegue

¿Hasta dónde llega un objeto que se convierte en actor? Actuar de forma autónoma, hasta que el entorno en el que nos encontramos nos sacuda o nos cuide. Para seguir funcionando, para seguir andando.

Agustín dejó su lapicera fuera de la cartuchera, algo usual en él. Su mamá le solía repetir que guardara bien los útiles antes de salir al recreo. Por supuesto, la jefa del hogar lo sabía no porque tuviera telepatía, sino porque notaba la falta de peso en el estuche una vez su hijo regresaba del colegio.

La mujer no se cansaba de decirle aquella advertencia convertida en una frase cotidiana. Estaba entre «a guardar los juguetes» y «vamos a comer». Pero el pequeño se olvidaba de tales instrucciones apenas entraba a la escuela.

De pronto, en el silencio del aula vacía de humanos, un ruido movió los aires. Los movió aun más de lo que lo hacen los movimientos invisibles de la materia. Era la lapicera, convertida en una diminuta nave espacial. Con sus propulsores encendidos salió por la ventana y llegó hasta el parque más cercano.

A medida que se acercó al pasto fue perdiendo fuerza. Finalmente, cayó de manera sutil cerca de un árbol y ahí quedó. La tinta que llevaba dentro se secó en pocos segundos, como si el tiempo se hubiera acelerado en una forma desconocida.

Fue entonces cuando la nave se convirtió en una rama. Un perro la mordió y se la llevó a su dueño. El hombre, en el intento de jugar con ella, la lanzó tan fuerte que traspasó un muro. El animal ya estaba en posición de salir a correr, pero su mirada lo dijo todo: sabía que no podía alcanzar la altura de esa pared. Con la elegante resignación que pareciera solo las mascotas pueden dar, olvidó al objeto transformado en actor.

La rama cayó en una cocina, donde se hizo cuchillo.

Avatar de Desconocido

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.

0 comments on “El despegue

Deja un comentario