ANKARA, Turquía.– Entre divagues del presidente norteamericano, Donald Trump, e intentos de apaciguar su actitud beligerante por parte de los líderes europeos, la cumbre de la OTAN que se celebra en Ankara dejó algunos de los momentos más extraños de la diplomacia reciente y expuso la fragilidad de la alianza tras la vuelta del magnate a la Casa Blanca.
Según el diario británico The Guardian, funcionarios europeos discutieron extraoficialmente, al margen del encuentro, cómo mantener a Trump alineado con la alianza en un momento en que sus amenazas sobre el financiamiento militar generan inquietud entre los socios europeos.
Los líderes europeos adoptaron entonces la inusual estrategia de evitar cualquier mención del Mundial en curso, por temor de que una referencia a la eliminación del seleccionado estadounidense pudiera desatar la furia del magnate y complicar aún más las negociaciones sobre los gastos en defensa.
La apuesta de los aliados pasa por convencer a Trump de que están dispuestos a asumir una mayor carga presupuestaria a través de la construcción de una “OTAN más fuerte y más europea”, con cada país miembro comprometido a destinar el 5% de su PIB a defensa para 2035.
El primer ministro de Bélgica, Bart De Wever, fue el único funcionario en reconocer públicamente la estrategia de silencio. Consultado por periodistas antes de su encuentro bilateral con Trump, dijo que evitaría referirse a la victoria de su selección por 4-1 sobre Estados Unidos a principios de esta semana.
“[Trump] tiene la reputación de reaccionar a veces con cierta irritación ante las cosas que no le gustan, y creo que esta derrota le habrá dolido”, bromeó De Wever.
Una fuente diplomática citada por el medio británico Daily Mail, que también reconstruyó la estrategia de la cumbre, explicó que “los líderes acordaron no mencionar el fútbol porque es evidente que Trump ya está de mal humor por eso» y que el objetivo colectivo era “atravesar esta situación sin antagonizarlo aún más”.
El trasfondo de la cautela europea es la polémica desatada por el propio Trump, quien esta semana solicitó personalmente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que revisara la tarjeta roja mostrada al delantero estadounidense Folarin Balogun en el partido ante Bosnia y Herzegovina, con el objetivo de habilitarlo para el partido contra Bélgica. Infantino accedió al pedido.
La intervención de Trump, no obstante, no evitó la goleada. Tras el resultado, el plantel belga celebró con un mensaje desafiante en redes sociales y difundió videos desde el vestuario en los que imitaban el característico baile del magnate, lo que profundizó la tensión.
Tras su reunión, De Wever confirmó no haber discutido el partido con el mandatario norteamericano.
“No hablamos de fútbol. Tenemos asuntos importantes que discutir, y el fútbol es, como se dice, el más importante de los temas no importantes, pero sigue siendo algo no importante, así que no saqué el tema”, aseguró el premier belga.
- Crónica del diario La Nación


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