Quizás, al fin de cuentas, sea la pasión argentina lo que despierta tanto rechazo. Una pasión intolerable en un mundo desapasionado, congelado en pantallas gobernadas por algoritmos y pasiones tristes. Decía Baruch Spinoza (1631-1677) filósofo neerlandés de origen sefardí, que «todas las cosas de la naturaleza se esfuerzan por perseverar en su ser». Lo vivo tiende a vivir. Es así en todos los órdenes de la naturaleza y de la existencia. Las pasiones que él llamaba alegres impulsan y sostienen esa pulsión: la alegría, el deseo, los afectos. Las pasiones tristes (el odio, el rencor, la envidia, el miedo) van contra la voluntad de vivir.
A pesar de la melancolía del tango o la nostalgia de alguna zamba en los argentinos persevera la pasión por vivir. Contra todo. Contra gobiernos infames de cualquier tipo (derecha, izquierda, centro, dictaduras), contra una economía siempre rota, contra infinidad de vallas en la carrera existencial. No somos todos iguales (ninguna comunidad humana lo es), somos hijos de muchas sangres, y al final del día aprendimos a mezclarlas. Por supuesto, al no ser iguales hay argentinos xenófobos, racistas, intolerantes, corruptos, violentos. Pero no va por ahí el ADN de nuestra identidad. En el balance general somos empecinados cultores de las pasiones alegres.
Y eso molesta en un tiempo sin pasiones o de pasiones tristes. De pasiones desapasionadas. En una Europa que es sólo historia sin porvenir, o en países de nuestro continente que todavía no se rebelaron con pasiones alegres contra las cadenas de su propio pasado. Ver desde esas perspectivas la pasión argentina (en el triunfo y en la derrota) molesta, duele, incomoda, enfurece. Para los eunucos emocionales es intolerable. Y se unen en el odio y en la peor de las ignorancias, que es odiar lo que no se conoce ni se entiende en lugar de comprenderlo y aceptarlo. No siempre es fácil ser argentino ni convivir entre nosotros, pero paga. Peor es morir en vida, congelados por las pasiones tristes.
- Fuente: nota publicada en la cuenta personal de Facebook del autor


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