Por Eric Calcagno (Tiempo Argentino)
Siguiente. No sé muy bien cómo hacen, pero los pasan por una prensa hidráulica. Siguiente. Primero el filo cercena el lomo de una y con precisión. Siguiente. Así deshuesado, sin columna vertebral. Siguiente. Tapa, contratapa y páginas quedan descuajaringadas. Siguiente. Después son escaneadas por máquinas de rapidez inhumana. Siguiente. Los desechos van a reciclaje. Siguiente. Chac. Siguiente… Chac. ¡Siguiente! ¡Chac! ¡Chac! ¡Chac!
Quizás la historia le reserve un lugar a Marcal Font i Espí, profesor universitario y poeta que además es librero en la localidad de Badalona, justo un poco al norte de Barcelona. Es que se dió cuenta de inusuales pedidos de compra en materia de libros catalanes de no-ficción. Junto con Xavier Vinaixa – especialista en IA – analizaron ese acontecimiento, para descubrir que se trataba de compras industriales. Y que no implica sólo a Badalona, sino que la escala es mundial. Siga la investigación en xaviviro.com. Y también hay libreros en Suiza, Holanda, Alemania que denunciaron lo mismo. En especial ediciones usadas u obras antiguas.
Pero… ¿quién compraría libros para destruirlos?
El procedimiento es llamado “escaneo destructivo”. Los libros adquiridos son enviados a galpones, última etapa antes de la disposición final, cuyo objetivo es el “entrenamiento” de la Inteligencia Artificial de cada corporación. Así, cada libro deja de existir, aunque puede que perdure en todo o en parte en anaqueles abstractos aunque lucrativos. Por lo menos es lo que sobresale del juicio que emprendieron contra Anthropic algunos autores y editores, cansados que esa empresa haya obtenido de manera ilegal textos con los que “adiestra” la IA corporativa. ¿Nada más? Este juicio se desarrolló en California, donde Tom Tuyver afirma que el objetivo de Anthropic era copiar todos los libros del mundo y proceder al “escaneo destructivo”. Por eso lo contrataron: antes manejaba GoogleBooks.
Cuesta escribir esto como leerlo, suena demasiado distópico. Sin embargo está en las actas jurídicas (ver CourtListener, Barz vs. Anthropic PBC). Y publicado el 26 de enero por el Washington Post, que también involucra a Meta, Google, OpenAI. Tal fascinación destructiva por los libros parece provenir porque los recursos de la misma red se agotan frente a las necesidades de programación de la IA. Hay que buscar más, para incorporarlo y luego destruirlo para que nadie más lo use.
Ah, es cierto Anthropic deberá pagar 1.500 millones de dólares en materia de derechos de autor por la salvajada que se mandó. Esa fue la condena del tribunal estadounidense. Para una empresa que según el Washington Post vale cerca de un 183.000 millones no es una limosna, pero se le parece mucho. Será un costo de oportunidad. Será recuperado con la rapidez que circule la venta de información. Será “porque la competencia es para perdedores”, dijo Peter Thiel de Palantir. “La inteligencia artificial podrá ser medida según la demanda basada en el consumo, como un servicio como el agua o la electricidad”, agrega Sam Altman de OpenIA. Justo en un evento de BlackRock. Sólo falta el arma del crimen (¡chac!). Por supuesto que en esa perspectiva será la IA quien reemplace a la inteligencia sin más. En manos de monopolios.
El “entrenamiento” de las IA de cada corporación es como una carrera para ver quién llega primero y más rápido para brillar en la Bolsa de Valores. El comportamiento especulativo es propio de cardumen ciego: si Anthropic destruye libros, entonces yo también. Y así todos.
¿Por qué tanta crueldad? Preguntan los libros. y es con razón, habida cuenta que es posible escanear las obras sin romperlas. Pero es más caro y lento. Así que muera la obra en la hoguera de las vanidades de los demasiado ricos, como antes y de igual modo en las llamas de los dogmas. A veces con los autores. ¡Chac! Hoy no siempre es así, pero ahora el olvido es eterno.
Cerramos que a esta altura del campeonato podemos hablar del fetiche de la IA como el fundamento del capitalismo digital. Marx afirmaba que la fetichización de la mercancía consiste ocultar la cantidad de trabajo necesario a la producción, así como el complejo entramado social sin el cual no existe el intercambio monetario. Con el debido respeto a tal pensador presenciamos en la masacre de libros un ejemplo de manual de la mencionada fetichización. ¿Le habrán hecho ¡chac! también al “Capital”? Ese debió resistir, en algunas ediciones las tapas son duras. Como los hechos. ¿Pero quien va a interpretarlos? Son máquinas. Han sido diseñadas con ciertos propósitos, y programadas del mismo modo. ¡Chac! No es una fatalidad. ¿Será una decisión empresaria? Igual son decisiones políticas, y lo peor, es apostar por una sociedad sin libros. Como si la civilización pudiese existir… ¿O esa es la idea?
Con razón, Alejandro Dolina nos advierte sobre quienes sostienen que todos los políticos valen lo mismo. Los compara con un analfabeto, para quien “todos los libros son iguales”. O eso es la idea: ¡Chac! ¡Chac! ¡Chac!
- Fuente: Tiempo Argentino


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