Opinión Política

La reelección de Milei es el escenario más probable, sobre todo contra Kicillof, dijo el exfuncionario macrista Iglesias Illa

Subsecretario de comunicación estratégica de Macri, Iglesias Illa saca lecciones para Milei de lo que le sucedió a Carlos Menem, en 1995. El peronista fue reelecto en medio de una situación parecida a la que enfrenta el libertario hoy.

Por Hernán Iglesias Illa (Revista Seúl)

En abril de 1995, Daniel Canel, jefe del departamento de mercados emergentes de J.P. Morgan, llegó a Ezeiza desde Nueva York y, en lugar de ir al microcentro a ver consultores o colegas, visitó a sus tías y sus amigos del barrio para preguntarles a quién iban a votar en las elecciones del mes siguiente. Wall Street tenía miedo de que Carlos Menem perdiera; varias encuestas pronosticaban una segunda vuelta de resultado incierto y el envión anímico parecía tenerlo la oposición, en parte porque el clima que se veía en los medios se había vuelto muy negativo para el Gobierno. Casi todos los encuestados de su muestra informal le admitieron, casi como un secreto, que iban a votar a Menem.

Con esos datos, más la sensación de incompetencia que se había llevado de una reunión anterior con economistas opositores, Canel llamó a sus manos derechas en Nueva York, los también argentinos Guido Mosca y a Gabriel Politzer, y tomaron una “bruta” posición de bonos Brady y otros títulos argentinos mientras el resto del mercado seguía vendiendo. Ganó Menem, por 20 puntos de diferencia, y Wall Street, contenta con el resultado, volvió a comprar. En menos de dos meses, los bonos argentinos subieron un 70%. “Fue un robo la guita que ganamos”, me contó Canel años después en su oficina de Miami, donde todavía vive. “Nos llenamos”.

Me acordé de esta historia, que conté por primera vez en Golden Boys, mi libro sobre los argentinos de Wall Street, por el repentino clima negativo en los medios y el círculo rojo sobre las chances de reelección de Javier Milei el año que viene. ¿Está verdaderamente en peligro o burbujea, invisible para el radar de los expertos, un guiso de corrientes electorales favorables a La Libertad Avanza?

La elección de 1995 ocurrió en un momento de desempleo récord (18,4%, el más alto hasta entonces) y en un año de recesión, iniciado por la crisis del Tequila en México, que Argentina había sorteado sin devaluar pero también sin evitar un frenazo. Ya desde el año anterior las encuestas detectaban una insatisfacción creciente, mostraban que el “desempleo” era el principal problema del país y cierta apertura a explorar opciones electorales nuevas. Además, Menem llegaba a la elección algo aislado políticamente, apoyado en la estructura del PJ pero con menos aliados y enfrentado especialmente con el periodismo. La noche de su reelección fue al programa de Bernardo Neustadt y explicitó cuál había su verdadero rival: “Les ganamos a los medios”. Tenía razón en algo: el clima sobre el gobierno y la campaña se había vuelto cada vez más negativo y pocos habían visto venir su triunfo arrasador en primera vuelta.

Los análisis sobre el resultado quedaron sintetizados en la expresión “voto cuota”, una forma de menospreciar las decisiones de los votantes, sobre todo los más humildes. La manera progresista de entender en ese momento la coalición oficialista era decir que a Menem lo votaban los ricos (beneficiados por sus políticas) y los pobres (por tradición peronista o embobados por el carisma del presidente) y que solo la clase media, ilustrada e independiente, le votaba en contra.

Lo más probable es que varios factores hayan contribuido a la reelección de Menem: entre ellos, un premio electoral por haber terminado con la inflación, la potencia del voto histórico peronista y la falta de una alternativa opositora convincente. Algo que me sorprendió, sin embargo, de volver a mirar esos meses, es que al gobierno de Menem no le duró nada el envión electoral y un año después tenía apenas un 19% de aprobación, según Gallup. ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cómo puede un gobierno arrasar con el 50% de los votos y pasarse todo el mandato siguiente arrastrándose con índices bajísimos de popularidad? 

Porque la gente puede votar a favor de un gobierno a pesar de estar a las puteadas. En un paper posterior, la politóloga Nancy R. Powers mostró que, en encuestas cercanas a la elección de 1995, alrededor del 60% desaprobaba la política económica de Menem. Había quejas por el desempleo, pero también por los bajos salarios, la situación de los jubilados y la corrupción. Apenas un 30% aprobaba simultáneamente al presidente y a su programa económico. Esto significa, decía Powers, que millones de argentinos eligieron la continuidad sin aprobar el conjunto de la gestión económica. Las tías y los amigos de Canel quizás “la estaban pasando mal” o “no llegaban a fin de mes”, pero en la coctelera de motivos, y ante opciones electorales concretas, eligieron a Menem.

Ahora, un año y monedas antes de la primera vuelta de 2027, tenemos una situación parecida en los siguientes sentidos. Alrededor del 60% de los argentinos encuestados dicen estar descontentos con el estado de las cosas y abiertos a explorar alternativas electorales. Como hace 30 años, algo menos de un tercio se declara comprometido con el rumbo económico del presidente. Los números de la economía son menos dramáticos que los de 1995, pero también lo es el éxito antiinflacionario de Milei comparado con el de Menem. Se ha instalado un clima de negatividad en los medios y el círculo rojo, que ven la reelección menos probable que hace un tiempo. El presidente está otra vez en guerra contra los periodistas, a quienes insulta de formas variadas y repetidas, y es a su vez pinchado por los periodistas, que toman la batalla como propia. Además, Milei da la sensación de estar aislado, poco acompañado, apoyado en aliados temporales, sin la estructura que le daba el PJ a Menem en sus propios momentos de encierro en Olivos. La oferta de la oposición, por último, sigue sin consolidarse, y no aparece (ni parece cerca de aparecer) un candidato que pesque fuera de su pecera histórica.

Uno de los factores que influyeron en 1995 fue la idea, aun de los descontentos, de “no volver para atrás”, según Powers. De a poco empieza a entrar en foco en el discurso de Milei una idea parecida: seremos cualquier cosa pero no somos el pasado (el kirchnerismo). A Macri, que hizo algo parecido, no le alcanzó, pero consolidó un 40% de sólido anti-kirchnerismo que mantiene viva la memoria de esa “vuelta al pasado” que fue 2019. Por lo tanto, para que a Milei le alcance, su coalición va a tener que incluir a mucha gente (millones de personas) que hoy están decepcionadas, porque no la están pasando bien o porque esperaban otra cosa.

Hay otra lección interesante, y menos obvia, de 1995: Milei puede ser reelecto (para mí todavía es el escenario más probable, sobre todo contra Kicillof) y, aún así, tener poco apoyo popular en su segundo mandato para consolidar las reformas. Es lo que le pasó a Menem, impopular todos sus últimos cuatro años, a pesar de que la economía volvió a crecer en 1996 y 1997. Dado que el modelo actual, enfocado en la inversión y el aumento de la productividad, es poco propenso a producir veranitos de crecimiento a tasas chinas y todavía está lejos de completar la transición hacia una economía más abierta, no me parece improbable que Milei se sienta legitimado en 2027 por haber ganado y aún así, después, se encuentre en 2028 con una sociedad cansada y desencantada, que le pida una pausa o algo superior a simplemente “no volver al pasado”. 

Podría ser un error, entonces, creer que hay que elegir entre “Milei debilitado” o “Milei reelecto”. Como muestra el caso de Menem, las dos pueden ser ciertas.

Hijo de un mecánico de Congreso, educado por los salesianos, futbolista infantil de San Lorenzo y Boca, Canel esquivó hace tres décadas el microclima político y mediático y basó sus decisiones en lo que le decían en el barrio. Si volviera ahora, cuando otra vez el microclima parece haber llegado a un consenso, ¿qué le diría ese barrio?

  • Fuente: Revista Seúl

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