Cultura Opinión

No podemos culpar a nadie de las consecuencias de nuestras acciones y elecciones

Troya sigue ardiendo, después de 30 siglos, en lugares como Ucrania, Gaza, Omuz y Durfur. Lo dice Sergio Sinay, al sumarse a la recomendación - como hizo semanas atrás Claudia PIñeiro - para ir a ver la película La Odisea.

Por Sergio Sinay

1) Es una profunda reflexión sobre la responsabilidad y la necesidad de comprender que todas nuestras acciones tienen consecuencias por las cuales debemos responder. Esas consecuencias pueden ser trágicas y dolorosas para nosotros y para otros. Es un llamado a la conciencia.

2) No se trata de una simple ilustración espectacular del texto escrito hace 900 años por Homero (quien posiblemente no existió y su nombre sea el seudónimo de un grupo de escribas que recogió leyendas y relatos). Es una interpretación actual del director inglés Christopher Nolan, quien respetó el espíritu del original y modificó algunos pasajes sin traicionar la esencia de la narración, que cuenta el azaroso y largo regreso de Ulises (Odiseo) a su reino de Ítaca tras participar en la guerra de Troya, que duró diez años. En el reino lo esperan fielmente su esposa Penélope y su hijo Telémaco, al que concibió, pero no conoció antes de partir. Ambos están acosados por los pretendientes de la corona.

3) En Penélope el director Nolan muestra la perdurabilidad del amor, sentimiento que hoy suele ser efímero, banalizado y superficial. Y en el ansia de Telémaco se expresa la necesidad del regreso del padre a sus funciones de faro emocional y moral y de generador de un orden fundamental para crecer y madurar, un regreso pendiente en la actualidad.

4) Detrás del relato de aventuras mitológicas, con toda la carga simbólica que ellas contienen, “La Odisea” de Nolan es una meditación existencialista (“el ser humano es lo que hace de sí mismo”, decía Jean-Paul Sartre). No podemos culpar a nadie de las consecuencias de nuestras acciones y elecciones.

5) Ulises-Odiseo, héroe trágico, comprende tarde, y con la conciencia estallada de dolor, lo que no ven quienes, como él en su tiempo, desatan hoy guerras perversas y brutales, como las 59 que azotan actualmente al mundo, comenzando por Ucrania, Gaza, Ormuz, Durfur, etc. Con otros nombres, después de 30 siglos Troya sigue ardiendo. La Odisea no termina.

  • Fuente: nota del autor en su cuenta personal de Facebook

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