Opinión Política

Calentando el caldo de cultivo para la violencia física

Con edad suficiente para recordar los trágicos sucesos que se vivieron en la década del 70, Sergio Sinay, se refiere a los mensajes de odio imperantes en la Argentina. No hace nombres, pero es una obviedad a quien se refiere.

Por Sergio Sinay

Cuanto más grave, chabacano y furioso es el insulto más carente de argumentos y más incapacitado para pensar se muestra el que lo profiere. Esto es fácil de comprobar en estos días, cuando llueven los insultos desde quienes deberían llegar ideas convocantes e invitaciones a construir una visión común desde la diversidad. El que más insulta, el más grosero e intolerante en sus ofensas es, hoy y aquí, el que debería estimular los debates para articular lo diferente. Pero, al revés, odia (según sus propias palabras) lo diferente, lo que no coincide con su deseos e impulsos, siempre descontrolados, siempre intemperantes.

Si quien debe articular e integrar los intereses naturalmente diversos que existen en la sociedad, se dedica a atacar, insultar y descalificar de manera maniática a todo quien piensa diferente a él, crea una situación grave. Habilita y estimula el insulto y la ofensa como modos centrales de relación en la sociedad. Esparce violencia simbólica y calienta el caldo de cultivo para la violencia física que luego se ve en todos los campos (la política, el deporte, la cultura, la calle, las interacciones cotidianas). Por otra parte, como se sabe desde siempre, los insultos y la forma en que se insulta muestran más de quien los profiere que de quien los recibe. Las formas hablan y dicen mucho.

Y no hay excusas para quien prefiere la ofensa, la grosería y la injuria antes que el debate y la interlocución. José Ingenieros (1877-1925), eminente médico, sociólogo, filósofo y autor de “Las fuerzas morales” y “El hombre mediocre” decía: «Admitamos que la primera vez se ofende por ignorancia; pero la segunda suele ser por villanía».

  • Fuente: nota del autor en su página personal de Facebook

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