Cultura

Susurro personal

En el mundo actual, donde imperan la fuerza, los malos modales y los poetas suelen ser sobre todo ignorados, un colega rescató versos de Joaquín Giannuzzi (1924-2004) en los que se hacen sentir los latidos del corazón como una ametralladora.

¿Quién necesita poetas?, llegó a preguntarse el ruso Fiódor Sologub (1863-1927); el escritor Miguel Gaya (73), recientemente, destacó que artistas de las rimas han sido silenciados, vituperados y sobre todo ignorados. El lector de Humanidad, José Puente, acercó una caricatura de Tute, donde el locutor de TV informa que «la realidad denuncia el extravío de la poesía y los buenos modales». Con este breve concepto, el periodista santafesino Walter Operto, acercó estos versos del querido colega Joaquín Giannuzzi (1924-2004):

Por alguna razón, al anochecer,

mi corazón late como una ametralladora.

El cardiólogo me ha dicho:

controle su vida emocional. Me pregunto

si no habrá allá adentro una verdad

que intenta abrirse paso. Vuelvo una mano al pecho

buscando una fe en la oscuridad

de mí mismo. La pulsación interna del yo

parece apresurarse

hacia una descomposición indescifrable.

El ritmo cardíaco es un tiempo

en estado impersonal. Esta es la única

certeza que encuentro. Los golpes sanguíneos

de un tambor cerrado sobre el vacío.

No hay noticias profundas de mí mismo

sino este susurro fisiológico, el zumbido

que hoy fui dejando a mi paso

a través de calles, edificios y cuerpos cerrados.

Un rastro de baba que recorrió el mundo

y está de regreso en esta habitación.

Joaquín Giannuzzi
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Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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