Jóvenes

La Marihuana en los jóvenes

“La primer regla es que el transa no es tu amigo”, comenta Iván, un chico que salía del colegio y se iba a su casa luego de haberme respondido mi pregunta. Algunos de ustedes pensarán que Iván

Por @JOPaganetti

 

“La primer regla es que el transa no es tu amigo”, comenta Iván, un chico que salía del colegio y se iba a su casa luego de haberme respondido mi pregunta. Algunos de ustedes pensarán que Iván cursa en una escuela pública, ya que la estigmatización que hoy existe sobre los jóvenes que estudian en una escuela del Estado es muy fuerte. Pero, no. Él salía de una escuela privada.

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Es que el tema trasciende el tipo de instituto en el que se curse. Las drogas de adicciones negativas son un problema que se hace cada vez más grande y que compromete nuestro futuro. Afecta a gente de cualquier extracción social que se debe preparar para un mundo viable. Y que tiene menos responsabilidad que los mayores poderosos que destratan al planeta al no preservar el medio ambiente.

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“Son una escoria, la peste del futuro, las semillas de la catástrofe”, opina una señora grande sobre los jóvenes afectados por el consumo de sustancias. La escuché cuando fui a comprar unas empanadas para almorzar. ¿A ustedes les parece que un pibe de 15 años tiene que estar escuchando ese tipo de barbaridades? Y les voy a decir por qué es una barbaridad: Esa mujer habló con puro odio. Con rechazo a los que, como ella, no hacen un esfuerzo por comprender y encontrar una solución para un problema que ella no vivió en su adolescencia.

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Me molesta ese resentimiento y su desprecio a chicos y chicas sumidos en problemáticas generacionales, sociales y familiares, que solo buscan ser felices en la pubertad.

La frase de la señora no termina ahí: “Son unos pibes fuma porro que van a la escuela pública solo para drogarse”, dice con desprecio indisimulable.

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Ahí entramos en otro terreno. Los pibes echan mano a la oportunidad que les brinda el Estado para estudiar, alivianando a padres que no tienen un dineral para gastar en una empresa que eduque a sus hijos. Eso no nos convierte en ciegos; hay que admitir que hoy en día es pésima la calidad de la educación pública y es por eso que funciona el sistema privado. Ese es otro tema, conexo, pero otro tema al fin: nos debemos un debate acerca de cómo mejorar el sistema educativo.

En la reprobación que hace esa señora a los jóvenes, omite que en la escuela estatal se mezclan distintos sectores de clase media, media-baja y baja. Es un buen espacio para estudiar, igualitario, como pregonaron los planificadores del siglo XIX, lo que no quita reconocer sus falencias, uno de ellos la ausencia de maestros.

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Los adultos pudientes deciden, por añadidura, no mezclar a sus hijos, con este segmento de la sociedad. Y opta por una realidad distinta. Una burbuja (cada vez más grande), donde el derecho a estudiar se conquista con cuotas de dinero, aunque se debe reconocer que hay institutos que conceden becas. Así, mejor preparados, estos jóvenes prosiguen sus vidas.

Claro que nos despreocupamos de la realidad que viven esos otros chicos, sumidos en la pobreza y la desigualdad, sin respuestas efectivas del Estado para generar políticas de bienestar que acojan a los más necesitados.

Quienes nacen en un nido de problemas, tienen herramientas más débiles para enfrentar cuadros de miseria que, lamentablemente, se están generalizando.

Cada familia tiene sus discusiones. Desde mis 15 años, veo a padres e hijos que enfrentan situaciones que afectan a la dignidad humana. Me imagino las rencillas: el hombre sin trabajo; La mujer sin motivaciones para sacar a la familia adelante; y el hijo que va de un lado al otro, llevado por la corriente.

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No me gustan las sentencias del tipo: “Si son pobres es porque se lo merecen, porque no hicieron nada para salir del pozo”. No es tan así. Es necesario el aliciente de un Estado presente, motivador, que promueva la actividad productiva.

No hay que ignorar de donde venimos. Parece innegable, con todas las dificultades y retrocesos, que la situación de 2016 es mejor que la del sangriento 2001. “Hoy es más fácil abrir un pequeña tienda”, reconoce alguien que se fundió en la crisis de principios de siglo.

Hay males endémicos que antes revistieron mayor gravedad y que hoy se prolongan en discusiones acerca de la industria nacional, la fuga de capitales, la inflación, la ausencia de políticas públicas, el destrato a los jubilados, la vigencia de paritarias y la asignación de fondos para cultura y tecnología.

Es injustamente simplista juzgar como drogadictos e incapaces a los más vulnerables socialmente ¿Sólo son aptos para mantener una “vida humana” quienes cumplen con los mandatos y las normas de la sociedad? ¿Qué aceptan subordinarse ante el otro? En ese caso, ¿los pobres e indigentes serían más inteligentes por no resignarse a la dominación preestablecida? Ojalá fuera así, pero lo dudo. Debemos conocer el sistema, profundizar nuestros conocimientos y cambiarlo por dentro. Faltan estrategas en un país repleto de posibilidades. La gente sufre estancamiento e inmovilidad porque el gobierno, los dirigentes, los seducen en los procesos electorales, pero luego los abandonan. Los dejan de lado. Por eso son tan importantes los políticos honestos, con ideales, que puedan dar vuelta la taba con inclusión social.

Mexico Vigilantes

¡Atención, las clases altas no nos ajenas al flagelo de la droga! Los ricos no piden permiso para fumarse, como dicen mis amigos de la escuela, “un porro”, esa cosita tan pequeña (el cigarrillo también) que contamina el pulmón y la cabeza de nuestros jóvenes. Faltan controles y según datos estadísticos, las principales ganancias del narcotráfico quedan en los países desarrollados del Norte.

Actualmente, si un adolescente quiere probar se pone en contacto con “el drogadicto del aula” y este lo lleva con un transa, la persona que vende este tipo de sustancias berretas. Porqué “los que tienen plata, consumen de la buena”, como decía una ex Presidenta.

Desde Humanidad Noticias y Reflexiones, elevamos un reclamo a todos los gobiernos, Nacional y provinciales, para que promuevan más charlas de prevención al consumo y los efectos que pueden llegar a generar las drogas. Necesitamos concientizar sobre lo que está pasando en nuestro país.

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A pesar de esto, no podemos provocar una transformación positiva solo con charlas y discusiones. Hay que actuar. Crear campañas y actividades recreativas y deportivas para involucrar a los adolescentes en cosas saludables. Hacerlos ver el camino bueno de la vida. Que sepan que el mundo está para disfrutar y sobre todo para “llevárselo por adelante”, en el buen sentido. El buen sentido, es uno: No dejar que nadie los pare para perseguir los sueños que se desean, siempre y cuando no perjudiquen a nadie.

La marihuana, el “paraguayo” y todas esas cosas arruinan a nuestros chicos y chicas. Tenemos que detener esa escalada. Controlarlos, pero principalmente, ayudarlos. Ellos no necesitan un castigo o una prohibición, necesitan contención por parte del Estado y fundamentalmente de la familia.

 


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Periodista y escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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