La historia de Higui

“Te voy a hacer sentir mujer, forra lesbiana”, declaró Eva que le dijo uno de sus agresores cuando éste le destrozaba el pantalón y el boxer que tenía puesto, mientras que un grupo de hombres le daban puntapiés.
Eva Analía de Jesus -apodada “Higui”, por su parecido tanto físico como deportivo al arquero colombiano René Higuita-, una mujer argentina de 42 años, fue privada de su libertad desde el 16 de octubre de 2016 hasta junio de 2017, por haberse defendido frente a un conjunto personas que con una trompada la tiraron al piso para violarla y maltratarla en la Provincia de Buenos Aires.

 

 Todo comenzó en 2016 cuando Humanidad notó en repetidos perfiles de Facebook una imagen que decía “Libertad para Higui”. ¿Quién era esta persona? ¿Por qué esta presa? Así decidimos contarles la historia que hoy sufre, no solo Eva, sino que toda la humanidad, al tener una cultura y una sociedad que da lugar a la discriminación, el daño físico y el asesinato de las personas que sienten, son y/o piensan distinto.
  Esta muchacha, con suerte, no se transformó en una víctima más de los asesinatos que hay a las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT) que hay en todo el mundo. Pero a cambió, recibió un presente deplorable para cualquier ser humano: estar encerrada por haber defendido su vida, lo más preciado. Para lograr eso, mató a un hombre que violaba y profanaba sus derechos, su dignidad, su paz, su privacidad, su elección, su cuerpo.
  Esta patota de hombres la insultaban y la amenazaban constantemente hace ya tiempo antes del repudiable suceso. Inclusive habían tratado de prender fuego su casa. La causa de esto era el odio por la elección sexual de “Higui”. 
Así la dejaron a Eva el día del ataque:

 

Entra también en este hecho el cuestionamiento a la “legítima defensa” y a las mujeres, a la gente con menos poder adquisitivo y personas LGBT, como punto de mira para parte de la sociedad machista, racista, homofoba y atrasada que tenemos.
  Una nueva época trae nuevas responsabilidades y una sociedad a la que hay que renovar para adaptarla a la evolución humana. Desde el día 0 que las minorías son observadas de una manera perjudicial hacia estas por parte del resto. Las doctrinas religiosas influyeron mucho, por no decir en su totalidad, para la conformación de los pensamientos culturales y el “sentido común” que es asumido por los pobladores.

 

  Hoy,  miles de humanos, viven en una situación que, gracias a las estigmatizaciones, el odio, la violencia y la idea de “superioridad”, no pueden ser felices como el resto.
Sin embargo, por más de ser diferentes en términos personales e iguales por su condición humana, con acompañamiento del Estado, el conjunto de la sociedad y de seres queridos, podrán vivir como una persona “normal”. El tema está en que cada uno y una debe re pensar lo establecido para adaptar este sistema, en algunos aspectos tan atrasado y conservador, en algo totalmente inclusivo, igualitario y distributivo para que esto no siga pasando.
Esto beneficiaría al conjunto que desea otorgarle a esta humanidad la libertad y el progreso que se merece, pero por otra parte se encuentra una estructura que beneficia al sistema de unos pocos y que mantiene posturas y mandatos ideológicos absurdos a esta altura del avance humano.