Cuento Literatura

Mi flor naranja

En Lafuente y Baldomero Moreno vi una flor. Volviendo de la clase de inglés vi una flor de color naranja. La flor naranja me vió también [...]

Por Lucía Duarte

En Lafuente y Baldomero Moreno vi una flor. Volviendo de la clase de inglés vi una flor de color naranja. La flor naranja me vió también, por un segundo nada más, pero yo sé que también me vió. Ahí me acordé de la flor naranja de la que papá siempre habla. Él me dijo que la perdió cuando era joven.

Nunca la pude ver, pero siempre la creí importante para mí. Papá solía decirme que me parecía a la flor… por eso la hice propia, por eso ahora también es mi flor.

La flor azul que acompañaba siempre a mi flor naranja todavía la tengo, por suerte. No la veo seguido, vive lejos de mi pero siempre la tengo en mi corazón. Todos los inviernos la paso a visitar; la riego, la abrazo, le hablo y ella me contesta, comemos asado y a veces le sirvo un vaso de vino, porque a mi flor azul le gusta el vino.

Mi flor azul está marchitándose y papá no puede hacer nada. El otro día la flor se secó tanto que estuvo a punto de morir, pero papá llamó al jardinero y él la curó. El jardinero le dijo a papá que la próxima vez que esto pase ya no va a poder salvar a mi flor azul, porque mi flor azul es viejita y ya no hace fotosíntesis como antes. A mi todo eso me da miedo, no quiero perder a mi flor azul, quiero seguir viéndola aunque no sea muy seguido. No quiero ir a visitarla al jardín de atrás, donde papá puso a mi flor naranja cuando la perdió, pero tampoco quiero que mi flor azul siga acá y no pueda hacer fotosíntesis bien, no me gusta verla cada vez más marchita. Además yo creo que debe extrañar a mi flor naranja, tal vez si vuelven a encontrarse ella podría sentirse mejor, pero yo me quedaría sin mi flor azul. Papá tampoco quiere perder a mi flor azul, no quiere perder otra flor y no quiere llevarla al jardín de atrás como hizo con mi flor naranja. Papá sabe, de todas formas, que algún día va a tener que hacerlo.

Lo que me reconforta es saber que mi flor naranja está conmigo. Bah, eso me dijo una señora que sabe de flores vivas y muertas. Me dijo que mi flor naranja está orgullosa de mi y también lo está de que nos parezcamos un poquitito. Eso me hace bien, porque aunque no la conozca por lo menos nos parecemos, y eso para mí ya es más que suficiente.

Ah, y me olvidé de decirles, a mi flor naranja yo le puse Gabino.

En recuerdo del abuelo Gabino

Para leer más cuentos de la autora: “La Dueña”

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