Filosofía

La confrontación de ideas y su importancia

“Hablemos en buenos términos”. Esa es una frase más que escuchada al momento de confrontar ideas. La palabra “término” me recuerda a terminar. Etimológicamente no se su significado, pero creo que cada uno de nosotros nos componemos de muchos términos. Así como su sentido popular da a entender, el término es lo que marca el alto, lo que muestra hasta dónde están dispuestas las libertades del asunto que se este tratando, dándole una forma precisa. “Los términos y condiciones son…”, “El término apropiado es…”.

Ahora que lo pienso, ¿qué es un término? Tan extraña me suena esta palabra. Hace unos minutos atrás la había imaginado en mi cabeza como título para esta nota, nota escrita a base de lo que surgiera de su enigmático título original, que era “En buenos términos”. En aquel momento tenía naturalizada esta palabra. Ahora ya no la reconozco. Mi primer reacción fue buscarla en el Internet. Sin embargo, me detuve y pensé en escribir toda esta revelación que me sucedía. ¿Por qué no hacerlo? ¿Simplemente para no quedar como un idiota que escribe algo para un público al que luego le confesará que no tiene ni la menor idea de lo que está escribiendo? Soy un escritor muy sincero. Demasiado.

Vayamos directamente al nudo filosófico de toda esta cuestión. El conocimiento acerca de lo que es “bueno” y lo que es “malo” lo tenemos. Esto se ve enmarcado en criterios que pueden ser muy diversos y que van caracterizando a las distintas comunidades, pueblos y grupos pequeños de personas.

A raíz de lo que pensamos y conocemos como “no dañino”, “positivo” o sencillamente bueno, trataremos de entender cómo encaja la palabra término. Esto sería mucho más sencillo, claro está, si supiera lo que significa término.

¿No les comenzó a sonar extraña esa palabra? Término, término, término. ¿Sigue sin sonar rara? Bueno, pues demos fin a este texto en buenos términos y… ahí está. A modo de conclusión, algo valorativo (bueno) y un hecho en concreto (lo que implica al término, en este caso la lectura de esta nota), se juntaron para señalar que algo termina “bien”, según lo indica el juicio de valor.

También podríamos comunicarnos en malos términos. Esto traería todas las palabrotas y la mala sangre bien aprendida (porque si fuera mala no nos la enseñarían, ¿cierto?) para descargar hacia algo.

Confrontación de ideas: otro tema con una larga historia

Acabo de leer el significado de término en Internet. Me desilusionó. Prefería la ignorancia antes que la certeza. “Certeza”. ¿Por qué damos algo por cierto? ¿Se puede iniciar y terminar un día en buenos términos con todas las personas que nos cruzamos?

¿Es realmente importante esto? En parte sí, porque una de las inminentes consecuencias al finalizar una conversación con otro es la generación de determinado sentimiento o sensación, ya sea leve o no, pero que cambia algo en nuestra mirada. Venimos viviendo de tal forma y podemos seguir igual, pero con intercambios sociales que hacen latir nuestra vida.

¿Qué seríamos sin la socialización? Además, en las actividades sociales, inevitablemente, nos encontramos con juicios de valor. Nos construimos a base de ideas, y las ideas no son postes de luz. Portan ideología y posiciones definidas.

Al momento de hablar y expulsar nuestras ideas al mundo (es decir, a quien tenemos enfrente), confrontamos con las otras ideas. Las intercambiamos. Pero si tanto una como la otra tienen arraigos muy fuertes y no se prestan a la recreación, es decir, pasar de ser una idea conservadora, por ejemplo, a ser una idea más progresista o viceversa, sin dejar por completo su doctrina principal, hay algo que nos hará iguales para toda la vida.

Para evitar esto, tratarse en buenos términos puede ser clave. De todos modos, también podemos tratarnos en malos términos ante los choques de ideas. Por ejemplo, para la persona con la que conversamos, nuestro mensaje puede ser negativo y para nosotros positivo. Esa especie de confusión, que no es más que el inicio de la apertura de nuestras ideas, terminará luego de la socialización, procreando nuestra idea o dejándola como antes.

Así, al pasar los años, obtendremos posiciones más extremas y otras más accesibles a ser socializadas. Esto es parte de lo que nos compone, porque si no tuviéramos ideas en la mente, ¿qué seríamos? ¿esclavos, así como lo son la naturaleza, los animales e insectos ante el avance humano sobre sus territorios? Seguramente. Porque quienes portan las ideas –especialmente las que dominan-, según sus criterios acerca de lo “correcto”, “lo malo” y lo que es “necesario”, son las que guiarán a la humanidad hacia uno u otro futuro.

Entonces, ¿qué tan importantes son nuestras ideas ahora?


Leer más notas de Joaquín: Discriminación: La lucha contra nosotros mismos

Periodista y escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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