Filosofía Vida

Proveedores de información

Los humanos tenemos un trabajo invisible, no remunerado y que se lleva gran parte del día: somos proveedores de información. ¿En qué sentido esto puede considerarse un trabajo? Para empezar, no hay un día en el que faltemos u olvidemos por completo la actividad que estamos tratando. Constantemente, en la charla cotidiana, en el encuentro con alguien o en las mismas redes sociales –las cuales han potenciado perversamente esta realidad- damos datos sobre algo o alguien.

Es que en la conversación solemos encontrarnos con el famoso “tema” a tratar. Son más que múltiples y diversos. Inclusive podrían llegar a ser infinitos. Pero el caso es que utilizamos un objeto, sujeto o hecho para socializar. Voluntariamente o no, con o sin buenas intenciones, lo hacemos.

Así, generamos constantemente nuestro producto: la charla. De esto podemos extraer varias cosas, destacándose los sentimientos y sensaciones generadas. ¿Por qué socializamos? Por necesidad, por inercia, por entretenimiento. Sea por lo que sea, lo hacemos. Y en todo esto nosotros somos jefes de nuestro propio trabajo, evaluando qué decir y qué no.

La información, de todo tipo, se filtra. Cada uno comunica lo que desea o le interesa de todo lo que aprendió. Sin embargo, lo curioso de todo esto es que, en ocasiones, los mismos transmisores del mensaje no son los responsables o autores del mismo. Quiero decir que no se hacen cargo por lo que dicen, sino que hablan como una especie de interlocutores o simplemente no quieren tener la responsabilidad.

Esto da pie a entender cómo se construyen los argumentos y las ideas que van navegando en la sociedad. Una palabra aquí es fundamental: historia. Hacia dónde vamos y de dónde venimos pueden ser incógnitas posibles de responder con el conocimiento acerca de lo que usamos y decimos día a día. ¿Por qué es tan normal usar ropa?

La vestimenta no suele ser cuestionada más que en lo que respecta al estilo y a las marcas. Andar desnudo por la calle sería hoy una locura. Una historia nos antecede y a pesar de que venimos sin tejidos cocidos en la piel, más de los que tiene nuestro organismo, entendemos que los zapatos, el short, la camisa, el vestido y la ropa interior son esenciales.

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¿A qué va todo esto? Al hecho de recibir datos (tenes que vestirte), procesarlos (desnaturalizarlos y cuestionar las directivas para aceptar lo más genuinamente posible el mandato) y transmitirlos o compartirlos (socializarlos a la sociedad en nuestro cargo como proveedores de información). Siguiendo esta cadena pondremos en pausa nuestro trabajo invisible y haremos, casualmente, visible lo que hemos procesado durante nuestra vida. ¿Hemos transmitido lo que queríamos? ¿Tuvimos la información correcta tiempo atrás en nuestros momentos de decisión?

De la información nos valemos y con esta procedemos. Reflexionar sobre lo que transmitimos puede ser crucial para vivir y actuar distinto y dejarle a los otros algo un poco más inteligente que una mera información repetida e insignificante.


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Escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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