Argentina Sociedad

Pinocho y Clarín

Los 56 despidos en Clarín y Olé desnudaron la precariedad de la prensa argentina [...]

Hay vida después de Clarín, tituló en una página web el periodista Carlos Ulanovsky, para referirse a los últimos 56 despidos en esas empresa, que recibió a lo largo de más de tres años de gestión macrista, unos 1500 millones de pesos de pauta publicitaria, equivalente al 20 por ciento de la torta total.

Las cesantías, luego de constantes “retiros voluntarios”, se produjeron en la mañana del miércoles 17 de abril, cuando las inmediaciones del diario, en Tacuarí al 1800, en el barrio de Constitución, aparecieron valladas y rodeadas por un exagerado dispositivo de vigilancia privada y de la policía de la ciudad.

Según el relato del reconocido Ulanovsky uno “de los que no pudo superar esa barrera, fue el prestigioso y multipremiado reportero Rubén Di Gillio, con 21 años de permanencia en la empresa. Tal vez – señaló – se la tenían jurada desde que en la muestra anual de los reporteros gráficos de 2015, presentó una foto de Mauricio Macri, de frente, sonriente. Por un efecto de iluminación, la toma proyecta una sombra en donde la nariz del Presidente crece como la de Pinocho”.

Dentro del diario, clima de funeral. Fuera, vallados carcelarios

Humanidad, uno de cuyos periodistas también hizo carne la consigna “hay vida después de Clarín”, siguió de cerca el conflicto desde el vamos. “Muchísimos rajes… penoso… clima de funeral…”, transmitió un colega.

La pesadumbre con clima de velorio es incesante: “3, 4, 5 compañeros echados”, refunfuñaban algunos no tan por lo bajo.

Ayer, martes 23, en la redacción no se hablaba de otra cosa que de la actitud impiadosa de Clarín. Los empleados decidieron un paro de actividades, y el personal jerárquico logró sacar para hoy miércoles una edición reducida de 56 páginas, sin firmas.

Las jornadas sucesivas se preanuncian agitadas.  El próximo lunes se cerrará a las 4 de la tarde, porque hay previsto un paro de un sector gremial federal en el que influencia el camionero Hugo Moyano para el día siguiente. Y el martes, obvio, no se trabajará por el feriado del miércoles primero de mayo.

Las inmediaciones de Tacuarí siguen valladas. Entrar al edificio es como ingresar a un calabozo por el ruido metálico de las puertas. Un pésimo momento que se reproduce en otros ámbitos periodísticos, gráficos, radiales y televisivos.

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