Sociedad

“Entrar es fácil, no sale cualquiera”

La marginalidad, la situación de calle, obedece a causas sociales, que no excluyen la droga ni la responsabilidad de las autoridades […]

El domingo pasado, en la zona de la Sociedad Rural, en Plaza Italia, donde se realizó la 45a. edición de la Feria del Libro, hubo episodios enojosos, rayanos con la violencia, entre otros motivos por el estacionamiento indebido de autos sobre avenida Santa Fe y calles adyacentes.

Protagonistas: trapitos, policías de la ciudad de Buenos Aires, vecinos indignados con autos que obstruían el acceso a cocheras en grandes edificios. Llamadas a los teléfonos 147 y 911, sólo conseguían escuchar la voz del jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, agradeciendo la paciencia por las obras en beneficio de la comunidad que dificultan la movilidad por la Capital Federal. Las telefonistas, cuando atendían después de largas esperas, prometían dar intervención al área de infracciones. Sin resultados.

Indagando por el barrio, un cronista de Humanidad, recogió testimonios y constató la complicidad de estamentos de fuerzas de seguridad con los trapitos y personas que ejercen la prostitución y hasta con los que regentean un “boliche” bailable, donde se bebe alcohol en exceso, se escucha música a máximo volumen y hay hasta ataques a balazos, como registraron las crónicas policiales de diarios, radios y televisión, hace unos meses.

La inacción de las autoridades municipales era notoria. Cualquier transeúnte podía comprobar con sus sentidos como varios trapitos fuera de sus cabales increpaban a los pocos agentes policiales en el lugar y conatos de agresión a los puños y/o con armas blancas, entre porteros y habitantes de los edificios con quienes se ganan unos pesos permitiendo estacionar a lujosos autos en lugares prohibidos.

“Están pasados de vuelta, drogados, no saben lo que hacen”, expresó Carlos, encargado de un edificio de departamentos que no podía ocultar su impotencia, ante tamañas muestras de incivilidad a metros de un suceso cultural como la feria internacional del libro.

A Humanidad le parece oportuno, en este punto y a propósito del consumo de estupefacientes y la situación de abandono que genera, publicar dos testimonios del director general de Gradiva, comunidad terapéutica profesional que funciona en el barrio de Caballito. Los mismos están incluidos en un artículo que difunde habitualmente en algunos medios nacionales y provinciales. He aquí lo que nos dice Juan Alberto Yaría:

El mundo marginal, callejero, funciona sobre bases sociales indignas y la complicidad de algunas autoridades […]
Especialista Yaría: no hay rehabilitación sin creatividad

Esteban llega luego de seis meses de carrera frenética de consumo de cocaína. Es traído con riesgo de vida por una ambulancia y con orden judicial. Me asombra como llega. Lo “mató” la omnipotencia y, probablemente, cierta complicidad de su familia. Se dio el alta anteriormente sin apelar a un tercero (el equipo profesional). Así parece ser la estructura personalidad del consumidor de sustancias ya que el Ego elude y destruye todo tercero que es precisamente siempre el garante de una sensatez que se está perdiendo. Observo con pena la verdadera indigencia del sujeto que es la “indigencia” alucinatoria.

Vivió meses en esa indigencia alucinatoria subido a sus delirios de omnipotencia con un “tónico” permanente que era el clorhidrato de cocaína. Los cómplices de su secuestro fueron varios que forman parte de lo que lo que llamo “los socios de la desolación”(figuras de la noche, expertos del sexo en todas las posiciones y géneros, “dealers” de lo que haga falta) que son los “garantes frágiles” del mundo de los “nadies” que ellos habitan. En ese mundo de ilusiones y de “luces engañosas” (eso quiere decir lo alucinatorio) esos socios de la desolación se convierten en “socios de la desgracia”.

En ese mundo de “garantes frágiles” se observan formaciones sociales degradadas con multitud de funcionarios de lo perverso y emisarios de lo psicótico transformando al homo sapiens o al “homo incipiens” (ese hombre que nunca termina de hacerse que describe magistralmente Ortega y Gasset) en “homo demens” como magistralmente lo describe Morín en donde el progreso a lo demencial es la ruta más segura con la cual se va a topar.

Ahí, ya, perdemos nuestra subjetividad y formamos parte de una masa o tribu en donde el anonimato (por la pérdida de la subjetividad) nos envuelve en el destino final junto a la multitud de los “nuevos desaparecidos” de hoy. Los “nameless” (sin nombre) que ni siquiera a veces tienen la dignidad de un cementerio.

Mientras tanto Rodrigo me emociona. Había llegado igual que Esteban y luego de varias semanas de desintoxicación empieza o retoma un área de creatividad (no hay rehabilitación sin que aparezca un área de creatividad) y empieza a asomar un poeta. Sus poesías son excelsas y denotan una gran sensibilidad. Describe como nadie a los socios de la desolación que describí anteriormente: “soledad antigua compañera, de madre o de niñera, astuta espía de dársela en la pera…fiel en los momentos de sustancia (droga) y mala consejera…soledad, mendiga con quien sea, de malas juntas es una odisea, entrar es fácil, no sale cualquiera de tus barrotes deprimente y mala Yegua”. Entrar es fácil…no sale cualquiera nos dice Rodrigo y nos podemos preguntar el por qué…

Hasta aquí, los testimonios lacerantes, uno que desilusiona, otro esperanzador La grieta es mucho más profunda que la que exhiben nuestros (¿?) dirigentes. Como dice un conocido politólogo: sólo estamos viendo la punta del iceberg.

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