Análisis Política

Un acuerdo en estado condicional por las elecciones

Los buenos propósitos entre el Mercosur y la Unión Europea, dependen entre otros factores, de quien gane las presidenciales en la Argentina.

El enunciado de propósitos y la dirección entre el Mercosur y la Unión Europea (con la aclaración desde el vamos que el gobierno francés de Emmanuel Macron, avisó que no está preparado para ratificar el acuerdo), es “la coronación” de 20 años de esfuerzos. No se puede ignorar, evidentemente, el proceso electoral argentino. Se encuentra en su etapa final, bajo el amparo que otorgó el FMI al actual gobierno, con la aquiescencia del presidente norteamericano Donald Trump, y la posibilidad de que la administración cambie de manos en diciembre. Sumado a que, pese a los esfuerzos por demostrar una tendencia contraria, la inflación, aún un poco menos virulenta, sigue siendo indomable, las reformas estructurales son una meta incumplida, al igual que la baja de impuestos y las reformas en materia previsional y laboral. No es poco.

El presidente Mauricio Macri, está muy contento. Alienta la competencia y el rumbo trazado, diciendo que hace tres años y medio, la Argentina era el tercer país más aislado del mundo, junto con Nigeria y Sudán. “Es mentira aquello de vivir con lo nuestro”, dijo en clara referencia a las administraciones de signo kirchnerista, de las que trata de diferenciarse de cualquier manera, en los más diversos tópicos.

Los temas son complejos y lo reconocen todos los protagonistas. La traba está en el empate “casi perpetuo” entre una visión peronista. asentada en el movimiento obrero (que, bueno es recalcarlo, osciló entre el populismo y mixturas liberales que la acercaron con Estados Unidos, en la época de Carlos Menem, por caso), y un modelo que como el de Macri adhiere a la globalización. En principio, estuvo encerrado en el PRO, un partido nuevo con socios radicales y seguidores de “Lilita” Carrió, a los que ahora sumó al senador Miguel Pichetto, y a viejos justicialistas que pueda acarrear al rancho de la integración sin cortapisas con el mundo.

¿Sin cortapisas? Hay trabas y dificultades objetivas que ni siquiera niegan los principales negociadores, el canciller Jorge Faurie y el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica. En el país de la “paridad hegemónica” que impide el desarrollo y conduce a la “catástrofe”, al decir del ya fallecido sociólogo alfonsinista Juan Carlos Portantiero, los actores irán definiendo la letra chica.

Faurie: Macri ganará y habrá integración con Europa y el mundo

El propio Faurie, aclaró anoche que llevará un año traducir el tratado a los 23 idiomas de Europa, y al portugués y español en América Latina. Y que recién podría empezar a aplicarse con gradualidad a partir de 2021. Claro, antes están las elecciones de 2019. Y no es lo mismo que ganen Macri-Pichetto, que tienen el pie en el acelerador, o que triunfen Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, que ubican su extremidad en el freno.

Habría que anotar, además, que la oposición al gobierno de Macri, excede al kirchnerismo. Pesan, sí, los votos de Cristina en la provincia de Buenos Aires y en el norte postergado, pero también las opiniones de Sergio Massa, integrado a ese espacio a regañadientes y del flamante jefe del bloque de senadores del PJ, Carlos Caserio, quien reemplazó a Picchetto. Es el peronismo, estúpido y su afecto por el poder, se podría ironizar.

El entusiasmo empresarial, acompañado de prevenciones y temores que se replican aquí y en el viejo continente, requiere de pasos previos que hoy, sencillamente no se dan: la campaña electoral está en plena ebullición (con actores que juegan con cartas marcadas y oscilan de un lado al otro), la carestía no cede, los pobres superan por varios puntos la cifra del 30 por ciento, los inversores no abren el grifo de sus dólares, el Estado continúa con gastos elevados e “irracionales” (lo enfatizaron varias cámaras de patrones), y los impuestos y aranceles castigan a la producción local.

Técnicamente, el proceso de estabilidad está en dificultades. Macri la impulsa entre otros junto con el brasileño Jair Bolsonaro, cuando el péndulo en la región se corrió hacia el centro derecha. A la vez, la presencia de Trump es omnipresente, por más que porfíe comercialmente con China, también con intereses en Sudamérica y en la Argentina.

“Si Macron es tú amigo, como soy amigo tuyo, también será amigo mío”, le comentó en Osaka, Bolsonaro a Macri. Pero al llegar a su país, el presidente francés se encontró con la reacción contraria de los productores agropecuarios de su República, que no quieren ver de cerca al campo argentino. Y, como es habitual, respetó los intereses de los suyos, que no son los nuestros.

Caserio, flamante jefe del bloque del PJ: escucha a Schiaretti pero es opositor a Macri

En contra de lo que dijo el empresario Gustavo Grobocopatel, ayer Faurie aseguro que “ningún sector industrial nacional desaparecerá o caerá fulminado”, pues – señaló – ninguno se desayunó con el principio de acercamiento logrado el fin de semana pasado en Japón. Es sabido: hay empresarios que pegan el grito de abrirse, como el tero, y luego golpean las puertas de los funcionarios para que no dejen entrar mercadería extranjera.

Como ya dijo Humanidad, al reproducir declaraciones del secretario Luis Etchevehere, el plan a implementar es de largo aliento. Habrá plazos de readaptación de hasta 10 y 15 años. Además, del esfuerzo de los privados, hay deberes inconclusos del Estado. La Argentina no tiene una moneda estable como sus países vecinos y su sistema impositivo espanta más de lo que atrae.

¿Es todo condicional? De alguna manera sí. Los sindicatos refunfuñan por lo bajo. Hay que salir de la igualdad paralizante y eso se verá en las elecciones. O no.

Faurie, un experto europeísta, confió en que Macri saldrá airoso e integrará al país al mundo. No obstante, sabe que el humor colectivo es muy cambiante y que lo imprevisible es una de las características hasta ahora inmodificable de los argentinos.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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