Cultura Sociedad

El amor vuelve

Después de ver "La Peste", de Puenzo, donde las desgracias se reciclan, rescatamos un texto esperanzador de Luis Fuxan.

Acicateados por el director de Humanidad y buceando antiguos recuerdos, en un mundo dominado por “La Peste”, como escribió Albert Camus, encontramos uno tierno del locutor Luis Fuxan. Las repeticiones de la maldad, las creencias, o no, en un Dios Todopoderoso y la lucha de algunos por socorrer a sus congéneres, muchos inocentes, son reflejados en la impactante película de Luis Puenzo, que se exhibió anoche en forma gratuita en el Malba. Antes de la proyección, que data de 1992 (la ciudad donde sucedieron los hechos es Orán, en Argelia, pero las imágenes son de un país sudamericano, Buenos Aires, ciertamente), el artista Elíseo Barrionuevo, leyó unos párrafos de la obra original, protagonizada por un médico (William Hurt). El director Puenzo (ganador del Oscar, por “La Historia Oficial”), sólo le dijo a Humanidad, que rodó el film pensando en lo que sucedía en la Argentina durante la gestión de Carlos Menem (con la secuela que dejaron los desaparecidos de la dictadura militar) y que “refleja exactamente lo que pasa hoy ¿No te parece?”. La conclusión es: ¿se aprende de las desgracias o se olvidan y vuelven a repetirse? Esta breve presentación, no es más que una introducción para hacer conocer lo que escribió hace unos años Fuxan. En este caso, nos conmovió por su tono esperanzador. Una contradicción, como la que reconoce en la película el sacerdote, interpretado magistralmente por Lautaro Murúa.

Por Luis Fuxan

Cierto día Franz Kafka, pasaba por un parque en Berlín, y vio a una niña que lloraba desconsoladamente. Se acercó y cuando le preguntó el motivo de su llanto, le respondió que había perdido a su muñeca.

Kafka se ofreció a buscarla y quedaron en verse un día después.

Le llevó, entonces, una carta, que dijo había encontrado en el parque. Con la firma de la muñeca, manifestaba que no llore, porque ella había salido a recorrer el mundo, y que seguiría enviándole noticias.

En los encuentros posteriores, Kafka le leía otras cartas, contándole las visitas por las distintas ciudades.

Un día, el escritor sabiendo que no volvería a verla, le llevo de regalo una muñeca, con una carta que decía: el viaje me cambio mucho, pero soy la misma que vos amas.

Unos años después, cuando Kafka fallece, la niña reconoce su foto en un periódico y va corriendo a abrazar a su muñeca. Al hacerlo, encuentra otra carta, en uno de sus pliegues, y al abrirla lee: “tenemos que prepararnos para perder lo que amamos, ya que el amor volverá, con otra forma, pero volverá”.


Tuve ganas de escribir esto, que hace años lo leí en una biografía del genial escritor. No sé por qué. Tal vez porqué algún amor vuelve. No lo sé. Ojalá a alguien le sirva.

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