Análisis Política

Es el peronismo unido, estúpido

Faltan apenas 40 días para las elecciones. La intriga parece concentrarse en la confluencia virtuosa entre Alberto y Cristina.

¿Cabe alguna duda qué la Argentina es presidencialista? Puede haber algún resquicio de incertidumbre, pero a las pruebas hay que remitirse. Humanidad recuerda a un alto exponente del gobierno alemán hablar embelesado de Carlos Menem: es un animal político, ponderó. La fórmula que se acerca al poder en la Argentina, en este proceso de itus et reditus en que se ha convertido el peronismo (pese a la zancadilla mortal que intenta sin éxito el tercio anti), tuvo una jefa-presidente, que hoy tracciona los votos. Decidida a facilitar el nacimiento del “albertismo” y el recambio generacional. Parece convencida (sostenida por su hijo Máximo) de que hay que aprender de los errores. Mariano Recalde acaba de afirmar sin convencer que malinterpretaron a La Cámpora, cuando pregonaba ir por todo. Cristina urdió la construcción de una unidad más amplia y centrista para gobernar. Algo que Mauricio Macri, como se puede constatar en el presente crítico, no logró con su prédica de pobreza cero, lluvia de inversiones, inflación fácilmente controlable, todo lo cual, más otros agregados, culminó con el mayor endeudamiento de la historia: 57 mil millones de dólares que hay que pagar al FMI.

Sigue y seguirá siendo “una yegua política”, pero ocupará un segundo plano estratégico, como el propio Recalde (y la ex senadora pichettista Silvina García Larraburu, hoy cristinista), admitieron ante el autor de esta nota, en sendas entrevistas. Las preocupaciones por la nieta y la salud de su hija Florencia, atendida en Cuba, la replegarán en el Congreso. La nueva experiencia la convertirá (a diferencia de otros vices) en garante de que no se volverá al neoliberalismo de Menem, de los 90. Por eso, Carlos Melconian no podrá ser el próximo ministro de Economía de Alberto Fernandez, como intentó propalar con su picardía lunfarda el fin de semana pasado, en su raid mediático.

Alguien vaticinó que el vínculo entre Alberto Fernández y Cristina será “indisoluble”, sin características de un monstruo de dos cabezas. Es lo más inteligente, aceptando las serias diferencias internas que hay en el peronismo, y los esfuerzos por controlar la calle (además del dólar), hechos por Fernández, con la aquiescencia invisible del papa Francisco, deseoso por visitar su país en 2020.

Alberto pretende, como Perón, desactivar las protestas callejeras

“Al pueblo hay que administrarlo, nunca librarlo a la espontaneidad”, recordó que postulaba el general Perón, un analista haciendo hincapié en la comunidad organizada, con jerarquías y orden.

En estos momentos, sintiéndose ganador (hasta quiere evitar lo que está establecido por ley, los debates con otros candidatos presidenciales), Alberto está empeñado en desactivar las protestas en la vía pública. A ello se amoldaron los grandes gremios (¿a nadie llama la atención el buen comportamiento de Hugo Moyano?) el rebelde Juan Grabois y los movimientos sociales abastecidos por la ministra Carolina Stanley. Siempre habrá algún petardo de grupos que no se controlan, pero no conviene encender la mecha a lo desconocido y violento, con una emergencia alimentaria en marcha.

Aparte del “palazo” que recibió en las PASO del 11 de agosto, Macri fue abofeteado en Salta este domingo, por un sacerdote que le enrostró en la cara:aquí están los pobres y dignos trabajadores. Por más que ni él crea en el milagro del triunfo, el Presidente mantiene su espíritu de lucha: no baja el latiguillo “se puede” y defiende formas institucionales, a pesar del evidente resquebrajamiento.

“El éxito de Alberto y Cristina, cada uno en lo suyo, será el éxito de los dos y del conjunto”, anheló un exégeta del peronismo, con varios grandes clásicos corridos. Fue quien reconoció que el kirchnerismo “perdió la pelea con Clarín” (algo evidente, pero que se negaba como un tema tabú), aunque advirtió que si Héctor Magnetto insiste en “demonizar” a la “yegua política”, no siempre saldrá airoso de la contienda. Nuevos tiempos.

“Llévate la imagen de los pobres”, el reproche del arzobispo salteño a Macri

Alberto no pudo disciplinar al gobernador cordobés Juan Schiaretti. Dijo: no lo necesito. Después de dialogar con él, sosegó el sopapo. “El Gringo” preserva la autonomía de Córdoba y no se arrepiente de su acompañamiento a Macri, en una provincia refractaria al kirchnerismo, con razones valederas por lo sucedido en el pasado. Pero en el futuro, se acomodará, como buen alumno de José Manuel de la Sota., por quien se celebró una misa.

Igual, el vuelco se nota. El senador Carlos Caserio, reemplazante en el bloque del PJ del “paria peronista” Miguel Pichetto, se ha convertido en fiel intérprete de los designios de Alberto, Cristina y Sergio Massa, quien volvió al redil con aspiraciones intactas.

Es el peronismo unido, estúpido. Casi todo, para ser más precisos, a raíz de la “neutralidad” de Schiaretti, y el no declarado del dirigente del PRO y jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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