Argentina Justicia

Gil Lavedra, el alfonsinista que Alberto promovería para la Corte

Si Alberto fuese ratificado, está pensando en ordenar Comodoro Py y proponer a un radical con pergaminos para el máximo tribunal de justicia.

Es temporada de caza de votos.  Y no es conveniente comerse la liebre antes de atraparla, repitió pragmático el gobernador de La Pampa, el justicialista Carlos Verna, recitando una frase preferida de uno de sus antecesores, Rubén Marín.

Con las prevenciones del caso, en consecuencia, pero atendiendo a que todos los sectores corporativos, incluso empresarios del establishment (“las viudas” de Mauricio Macri, calificadas por un analista), Alberto Fernández, ya maneja”la lapicera” para ordenar a la justicia. Poder que, si bien independiente, no es inmune a los cambios de vientos políticos.

Por lo que pudo saber Humanidad, además de sus declaraciones públicas y su enojo con Macri, la noche del debate del domingo, fuera de cámara, Alberto está decidido neutralizar cualquier “Ministerio de la Venganza”. En eso coincide con el hijo de Cristina Kirchner, según lo escuchó este periodista de boca del propio Máximo. También con los radicales y, por supuesto, con los más comprometidos funcionarios del PRO y sus amigos, temerosos de que se les haga pagar los costos del endeudamiento externo, como insinuó la candidata a vice en varias ocasiones.

El foco principal estará puesto en los jueces federales de Comodoro Py (“Comodoro Pus”, según la expresión del ex embajador en El Vaticano, Eduardo Valdés), donde sería inminente la jubilación de Claudio Bonadío. Éste magistrado, ex colaborador de Carlos Corach, fue el que procesó en la mayoría de las causas a Cristina. Otro destacado juez, Rodolfo Canicoba Corral, siempre se las ingenia para mantener la vertical. Quizá también caiga, con malla de contención.

La jueza María Servini de Cubría, se acomodó igual a los renovados aires y detuvo, por cuestiones electoralistas, un subsidio de 5 mil pesos, que pretendió distribuir la ministra Carolina Stanley

En cuanto a la Corte Suprema de Justicia, el presidente Carlos Rosenkrantz (impulsado primero, con desprolijidad por decreto del PEN, tema luego enmendado), no pesa. Se lo observa subordinado a los “tres jueces peronistas”, Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda. El cuerpo acaba de dejar sin efecto (en sucesivas instancias exprés) planteos del Ejecutivo: habilitó el pedido de 15 provincias para que le devuelvan fondos de la coparticipación, birlados por la rebaja del IVA a productos de primera necesidad. Es un tema que debe pasar por el Parlamento.

La quinta jueza Elena Highton de Nolasco, está incómoda y, con edad ya de acogerse al retiro, podría dar un paso al costado después del 10 de diciembre.

Con lo cuál se habilitaría una vacante, que Alberto Fernández podría aprovechar para ubicar allí, dado sus aceitados contactos con radicales de tinte alfonsinista, a Ricardo Gil Lavedra, uno de los camaristas que condenó por delitos de lesa humanidad a los militares de las juntas genocidas.

La recomposición de la Corte, requerirá colocar una nueva cabeza. El mandato del ex decano de la Universidad de San Andrés, Rosenkratz, aislado hoy, finaliza en octubre de 2021. No solo no empatiza con Fernández, sino que sus colegas le critican su “falta de cintura política” y “su poca contracción al trabajo interno”.

De los “tres peronistas”, Alberto preferiría a Maqueda, un hombre que impulsó en su momento Eduardo Duhalde. Pero “El Pato” cordobés, no querría tanta exposición. Aduce motivos de salud para no aceptar, pese a que varias veces por semana asiste a clase de pilates por la mañana.

¿El juez Claudio Bonadío prepara su jubilación?

A Lorenzetti, mandamás en el pasado e influyente en el presente, no se lo reflotaría, por haber dado sustento a la doctrina de Martín Irurzún, dando vía libre alocada a las prisiones preventivas que castigaron a ex funcionarios K y empresarios, que antaño congeniaban con las firmas de la familia Macri.

Con Rosatti, otro peronista (catapultado en este caso por Elisa Carrió a través del trámite irregular de Macri, luego subsanado), Alberto duda por su “renuncia intempestiva” como ministro en 2005, luego de que él y el entonces presidente Néstor Kirchner, aceptaran que anulara una sospechosa licitación en cárceles y pusiera en marcha otra. Rosatti tiene una a favor: fue elegido por Cristina, en el primer período de su extinto marido, es culto, adora escribir y es uno de los promotores de cerrar cuanto antes “la grieta” social y política.

Ya no son secretas las conversaciones entre Alberto y Ricardo Alfonsín, quien quiere construir “una oposición responsable” al gobierno del Frente de Todos que, como demostración de que “no volverá al pasado autoritario”, le está ofreciendo que se haga cargo de la Oficina Anticorrupción.

Si los pronósticos se confirman el próximo domingo (Macri apuesta a forzar con un balotaje la incertidumbre hasta noviembre), habrá que prestar mucha atención al nombre del futuro ministro de Justicia. Por ahí ronda León Arslanián, otro de los camaristas que juzgó a los ex comandantes, junto con Gil Lavedra, quien reúne “pergaminos” más que suficientes, según consideró ante Humanidad el analista Carlos Fara

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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