Argentina Política

Argentina, donde lo normal es lo anormal

El tic tac se mueve de un lado al otro y no deja consolidar un proyecto de país. Vuelve el peronismo y tiene frente suyo a una oposición con valores contrarios.

Nada más sencillo y menos ingenioso: ¿dime lo que buscas y te diré lo que no tienes? Al comienzo del kirchnerismo, en 2003, tras la crisis terminal de 2001 que dejó un tendal de heridos y muertos, Oscar Parrilli, confesó a este periodista que Néstor Kirchner, se conformaba con lograr un país un poco más normal.

Curioso. Pasan los años y esa frase se convirtió en cliché. La repitieron el presidente Mauricio Macri y algunos de sus funcionarios, como el ministro Oscar Aguad, luego de que se hundiera, como mínimo por imprevisión, el vetusto submarino ARA San Juan. Ocurren atentados terroristas internacionales y nada se esclarece. Unos a otros se pasan la pelota – tómala vos, dámela a mí, que con los giles nos vamos a divertir – transcurre el calendario y nos terminamos ufanando de nuestras deformaciones o zonceras. Muere el fiscal Alberto Nisman, quien investigaba el ataque letal a la mutual judía de Buenos Aires, y no se despejan sospechas, por más que se abrieron, de par en par, las puertas a investigadores norteamericanos e israelíes.

Si la justicia dictamina suicidio, la mitad de la población no lo creerá; si comprueba que se trató de un asesinato, la otra mitad tampoco lo dará por cierto”, señaló a Humanidad un familiar de un “Señor 5”, como se llamaba antaño al jefe de los servicios de inteligencia, muy ocupados en detectar chanchullos íntimos de personajes públicos. Espionaje ilegal.

Argentina tuvo unas innecesarias Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), el pasado 11 de agosto. Como el gobierno recibió una “paliza” ilevantable, tanto el presidente Macri, como Elisa Carrió (quien ayer anunció su renuncia al cargo de diputada…a partir del primero de marzo de 2020, para dedicarse “a ser mujer”), proclamaron que esa elección “no existió”. Como los desparecidos: un ente inexistente, según el dictador Jorge Videla. “El sí se puede”, no obstante, sirvió para mejorar unos puntos, siempre perdiendo Nación y provincia de Buenos Aires.

Mario Negri pide un “service” urgente en Cambiemos

Las urnas, el domingo pasado, ratificaron “la vuelta” del peronismo, con Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Sí, la multiprocesada, a la que quisieron encarcelar y no pudieron y a la que la justicia, ahora, la irá eximiendo de las acusaciones. En lugar de concentrarnos en cómo se resolverán los graves problemas económicos, desde los grandes medios se caen en profundos pozos. Un columnista títuló: “Ni triunfazo de Alberto ni catástrofe de Macri” ¿Qué, fue empate? 8/10 puntos es lo que originalmente pensaba sacar de diferencia el FdT.

En lugar de crecer por el tronco principal, nos vamos por las ramas. Así, Santiago Cafiero, uno de los principales colaboradores del presidente electo, se mofó de un periodista porque éste comentó, con el apoyo de un videograph, que Macri “perdió, pero ganó”. El hombre de prensa, indignado, se consideró agredido y trató de intolerante al albertista, por la televisión y un diario porteño. Un poco mucho en un país donde un general afecto a las bebidas alcohólicas, en su huida hacia adelante, nos llevó a una guerra perdida de antemano.

Ramas. Más ramas.  Uno de los líderes de la economía informal (un piquetero cartonero que practica el “pobrismo” para el frustrado vice Miguel Pichetto), Juan Grabois, hizo una pregunta por tuit al “Señor Presidente. ¿Dónde está su patriotismo que no defiende a Alberto, antes los “agravios del psicópata” Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, principal socio de Argentina en el continente.

Anoche, modulando una O final que cambió con picardía, Sergio Massa, la figurita difícil que facilitó el retorno de Cristina como líder de un espacio juvenil y progresista, afirmó que la Argentina “tendrá una relación madura con Estados Unidos”. Cualquier referencia a Venezuela, quedó opacada por un hombre que puede vestir con la camiseta de River, una cámpera de Boca y un gorro de Tigre.

La difícil misión de poner en pie el país, con equilibrio entre sectores internos peronistas

Un jefe de informativo, antes de irse a dormir, tuiteó, con esa banalidad que nos caracteriza a los anormales: “Boca hizo que perdió con River…o lo dejó perder…o perdió, pero ganó…o mereció ganar”.

El radical Mario Negri, un mimado de Macri y Carrió, reconoció también ayer que en el 2017, después de ganar las elecciones de medio turno, pidió sin éxito que se hiciera “un service”. Dejando en el olvido ya a Juntos por el Cambio, dijo que “no hay jefe ni líder” (eso es imposible en la Argentina, país presidencialista por excelencia) y que “a Cambiemos, hay que cuidarlo después del 10 de diciembre” ¿Cómo, con quién, con qué jerarquías y responsabilidades,? El camino conduce al loquero de Montes de Oca

A todo esto, es cierto, Bolsonaro, con diplomacia de elefante, sostuvo que “los argentinos eligieron mal”, que no felicitaría a Alberto y que “se prepara para lo peor”.

Cuarentones de La Cámpora se esmeran en concretar una transición razonable. Tan amistosa que Máximo Kirchner se dispone a pagar un asado al jefe de gabinete bonaerense, Federico Salvai de María Eugenia Vidal, porqué perdió la apuesta sobre quien sería intendente en Mar del Plata. Quedó consagrado Guillermo Montenegro, del PRO, quien le ganó por poco a Fernanda Raverta. Pero ganó y punto.

Civilizados. Pero, ¿normales? Un kirchnerista se vanaglorió de “poner freno al experimento (neoliberal) macrista”. Y un vocero de la Rosada, respirando aliviado, exclamó: “Aterrizamos el Apolo XIII”, y compartió con “Lilita” la alegría de poder emular a Marcelo T. De Alvear. Esto es avanzar a los tumbos, como profetizó Ricardo López Murphy.

¿Qué es ser normal en la Argentina? ¿Esconder los dólares fuera del país y no como “En la odisea de los giles”, en un hueco blindado del campo de la extensa y rica pampa? ¿Irse a vivir a Uruguay o Miami? ¿Soportar estancamiento e inflación? ¿Con 35 por ciento de la población sumergida en la pobreza, y con alimentos para exportar por más de 400 millones de dólares? ¿Montarse en el péndulo que va y viene, cambiando las reglas de juego?

La BBC de Londres, en un artículo de 2015, anotó alguna frase que escuchó uno de sus cronistas en Buenos Aires: “Esto en un país normal no pasa”; “Este es un país de m..”, pero le recomendaron no perderse visitar bellezas como las Cataratas del Iguazú, la paleta de colores del pintor de Jujuy, el Bariloche suizo donde buscaron refugio criminales nazis y varios lugares emblemáticos más.

Seguimos siendo individualistas al mango, llorones para mamar e inestables anímicos, con un tercio peronista, un tercio anti y un 40 por ciento que está en sus cosas. Sin hacer política, que es una forma más de practicarla.

Hay familias peleadas por la “grieta”, hablamos pestes del país y cuando viajamos al exterior nos comportamos como esos señoritos que donde van hacen lo que ven. Algo gritones, con clara voz argentina.

Sorprendió un diario norteamericano al destacar que Alberto “es un moderado” al que no hay que acorralar para que no se vuelque a un extremo radicalizado. La esperanza de ponerse de pie siempre está, junto con países vecinos, a tono con la globalización y el populismo internacional. Tendremos que lidiar con nosotros mismos y nuestras paranoias. Eso sí, en esta democracia imperfecta y turbulenta.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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