Filosofía

La eterna comedia

Vivimos con construcciones. Ya no de cemento, sino que de ideas. Grandes e imponentes edificios de ideología se hacen ver frente a nosotros, mentes susceptibles a todo estímulo del entorno.

Vivimos con construcciones. Ya no de cemento, sino que de ideas. Grandes e imponentes edificios de ideología se hacen ver frente a nosotros, mentes susceptibles a todo estímulo del entorno.

La política es el circo más lujoso que una sociedad puede darse. También es el más importante. Sin este, ningún otro tendría sentido, simplemente, porque no sería posible la vida en sociedad.

Tenemos una concepción acerca de la vida social muy distinta a la que se tenía en años anteriores. En la Atenas del siglo V a.C, el hombre no podía ser concebido fuera de su comunidad. Él y su contribución al orden de la polis implicaba un lazo inquebrantable. Y era así como se lee: el hombre. La mujer (y personas como los esclavos u hombres “no libres”) estaba completamente excluida de la toma de decisiones acerca del curso y los asuntos políticos de su pequeña ciudad.

Contrariamente, en los tiempos que corren parece nacer un horizonte donde las mujeres están allí, luchando contra la opresión y las sombras que las despreciaron desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, en vez de mantener el concepto de comunidad, reina el individualismo y el “sálvese quien pueda”.

Es que ya no hay nada en que creer. Mentira. Existen miles de cosas para armarnos nuestro mundo de fantasía. Porque, como los niños, nosotros, los adolescentes y adultos, armamos nuestro propio castillo. Compramos muebles de distintos estilos, ponemos cierta cantidad de murallas para defender “lo que es nuestro” y por sobre todo, arriamos una bandera hasta la cima.

El tema está cuando nos damos cuenta de todo esto. De que la bandera que ponemos arriba de nuestra mesa no tiene ningún valor más que el que le queramos dar. O que ésta puede cambiar por otra cosa. Es esa mutación constante la que incomoda a quienes se advierten de la manipulación de lo subjetivo, del circo político.

Es la libertad, la libertad de pensamiento.

Hoy podemos tener razón, mañana no. ¿Por qué tenemos la razón? ¿Qué es lo que hace que hoy nos sintamos con mayor justificación para dominar y mandar? El poder. Claramente, el poder. Es por esto que, también desde tiempos inmemoriales, la lucha por el poder es tan importante: Quien tiene el control, dirige el circo. Y quien dirige el circo, comanda la falsa ilusión de que algo puede ser real en esta tierra donde lus humanus hemos venido nada más que a problematizar.

Escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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