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La batalla cultural por la razón

¿Por qué nos peleamos por "tener" la razón? ¿Cuál es su verdadero valor?

Siendo muy joven, uno puede escuchar hablar acerca del argentino “chanta” que rompe con las reglas y no se parece en nada a los escandinavos, quienes respetan lo que dice la ley “como a su propia madre”.

“En algunas estaciones de Alemania o en la propia Suecia, no hay molinetes. La gente pasa libremente a la estación y controla ella misma, sin restricción alguna, el pago de su boleto. Es más, en Suecia hay un sector especial para la gente que no puede pagar el boleto, dejándola acceder gratis. El argentino se cola enseguida en esa fila. Pero si le preguntas a algún sueco por qué no lo hacen, ellos te van a responder: ‘¿para qué voy a ir ahí si yo puedo pagar el boleto?‘”.

Así de interesante y polémica es la anécdota de un profesor de derecho, quien me cuenta esto para describir la diferencia que existe entre el ser latinoamericano y el ser escandinavo. Yo me pregunto: ¿es tan así?

Este ejemplo de Estocolmo no es importante por el hecho en sí –el cual tiene su veracidad cuestionada en algunas páginas de Internet-, sino por la realidad de que dos personas puedan ser tan distintas, solamente por el lugar en el que nacieron.

Cultura. Esa es la palabra clave. Todo es relativo a nuestra cultura. Lo bueno y lo malo son dos conceptos que muchos quieren apropiarse. Cuando algunos hablan de la parte “barbárica” –en términos sarmientanos- de los argentinos, o de los latinoamericanos, no están más que superponiendo una cultura sobre otra.

Descalificar al otro por determinada forma de ser, distinta a la nuestra, es parte de la cultura en la que nos criamos. Es que ¿qué es la historia de la humanidad si no una lucha constante entre culturas, pueblos e ideas?

Sin importar cuánto paguen o no los suecos sus boletos de viaje, o cuán chantas y vagos (términos sumamente desafortunados a mi juicio) seamos los argentinos, todos tenemos cultura. Lo destacable está en cómo algunas de estas buscan mostrarse como “el gran ejemplo”.

¿Se puede tener la titularidad del bien y el mal? Quizá. Pero por más fuerte que haya sido y sea el intento para que todos tengamos una cantidad de conceptos aceptados universalmente, todo varía según la forma en que vemos las cosas. Cada uno puede llegar a ver una cosa distinta y particular. A causa de esto es que nacen ciertos inventos sociales, como la noción de Estado y las propias comunidades. Para subsistir sin pelearnos a muerte por ver quién es el/la que tiene razón. Luego, la batalla sigue por otros medios.

Escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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