Sociedad

¡Paremos con el acelere y la dispersión permanente!

Tucho Fernández, íntimo de Francisco, exhortó a "ganarle la batalla al veneno de la ansiedad" que en el presente hace "correr" en forma atolondrada y sin sentido.

El arzobispo de La Plata, Víctor Fernández, suele tener visiones profundas de la realidad cotidiana. De cercanía con el papa Francisco, “Tucho”, como se lo conoce, ésta vez hizo un llamado al sosiego y a disfrutar de los milagros de la vida: respirar, mirar un atardecer, darse tiempo para conversar con otro persona. Humanidad reproduce aquí su última reflexión.

Correr, correr, correr. Correr para comprar, correr para preparar las vacaciones, correr para ir al trabajo, correr para hacer la comida y comer, correr para no llegar tarde a una reunión. Hoy tenemos muchas cosas para consumir, pero poco tiempo para disfrutarlas.


Esto no le ocurre sólo a los empresarios o a gente muy ocupada. La ansiedad de este mundo es contagiosa, y se apodera también de los niños, de los jubilados, de todos. Aunque no tengamos nada importante que hacer siempre encontraremos alguna excusa para acelerarnos por dentro.

Con esfuerzo juntamos algo de dinero a cambio de pasarnos la vida corriendo.Pero el problema no es que tu cuerpo corra, sino que tu espíritu se acelera, que vivís todo con esa agitación permanente. Y esto va creciendo hasta que llega un momento en que comés tu almuerzo en dos minutos, a veces no terminás de ver una película porque no soportás esperar, no mirás a los demás a los ojos porque querés liberarte de ellos cuanto antes, ya no podés leer un libro porque no tienes paciencia. ¿Qué vida es esa?


Cuando la prisa y la ansiedad se apoderan de la mente, poco a poco dejás de vivir y solamente corrés, corrés por dentro y por fuera. Entonces procurá recuperar los momentos de sosiego, que son propios de los seres humanos.


Por ejemplo, varias veces al día tratá de respirar profundo y disfrutá el milagro de respirar. Quedate unos minutos mirando el atardecer sin permitir que la mente te lleve a otra parte. También podés quedarte conversando con una persona sin pensar en lo que tendrás que hacer después y decirte por dentro: “este es un ser humano, vale mucho, merece que le dedique un momento”. Quedate allí, detenete, resistí ese impulso a correr, porque podés ganarle la batalla al veneno de la ansiedad.

Es mejor que elijas la vida en profundidad y no la dispersión permanente. Porque tu vida es muy valiosa. Sería una pena gastarla en una superficialidad vacía y atolondrada que te degrada y te agota sin sentido.

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