Argentina Política

Ni en el nombre se ponen de acuerdo

Si al gobierno le cuesta encontrar la punta del ovillo para reorientar la economía, a la oposición se le hace cuesta arriba, con menos costo, encontrar armonía detrás de un jefe/a.

¿Es Cambiemos o Juntos por el Cambio? A dos meses y medio de la asunción del gobierno del Frente de Todos, a la actual oposición le cuesta reconfigurarse. Mauricio Macri, estaba en modo avión y sólo volvió a conectarse para una reunión con sus desperdigados seguidores y ex aliados: reclamó mayor compromiso en la defensa de su gestión y siguió a Punta del Este, para aprovechar el fin de semana largo y asistir al casamiento de Sonia, la hija de su “amigo-hermano” Nicolás Caputo.

En el PRO son cautos. Diego Santilli, vicejefe del gobierno porteño, sostuvo que sería hacer “ciencia ficción” proyectar una figura del PRO para 2023: defendió valores republicanos que se sostuvieron entre 2015 y 2019, pero reconoció el fracaso económico. Puesto a definir un liderazgo futuro, señaló que Horacio Rodríguez Larreta, “está para más”, con lo cuál lo agitó un poco, sin desmerecer las ambiciones (¿las tiene?) de Macri, María Eugenia Vidal y la “dura” conductora del PRO, Patricia Bullrich.

“Lilita” Carrió, de la CC, a punto de “jubilarse”, volvió a desmarcarse como líbero al denunciar la preparación “de un golpe de Estado” judicial por parte de Cristina Kirchner, que involucraría volver a tirar los dados en el espacio de la magistratura federal y para intervenir al PJ de la provincia de Jujuy, si es que prosperase un proyecto del senador peronista Guillermo Snopek. Por supuesto, el gobernador radical Gerardo Morales, resiste la embestida y sostiene que el propósito principal es liberar a la jefa de la Tupac Amaru, Milagro Sala. Habla siempre del tema con Alberto, que no la considera “una presa política”, pero sí una víctima del lawfare, a través de juicios amañados y arbitrarios. Perseguida, en una palabra.

Si Macri está en modo avión, la UCR vuela dando margen de maniobra al presidente Alberto Fernández, para que trate de desatar el nudo gordiano con los acreedores externos, mientras resuelve su inacabable interna, sin atarse a los caprichos o veleidades del macrismo y Carrió. Corrosivo. Lo tiene en el banco al senador Martín Lousteau y espera auxilio de Nación para poder pagar los sueldos de estatales en los territorios que administra. Jujuy está en esa lista.

Lo del ex titular del bloque de senadores del Frente para la Victoria, Miguel Pichetto, es un misterio. Está fuera del peronismo, pero mantiene con el PJ contactos pragmáticos. Son los sectores más conservadores que pregonan una alianza con Estados Unidos y Brasil, entre los que hay que incluir al nuevo embajador Daniel Scioli. Le produce picazón la izquierda a la que sirvió fielmente durante tantos años de kirchnerismo. “Como hombre de partido”, aclara por si hiciera falta.

Macri no es un líder carismático. Rejuveneció tras el agobio reflejado en su cara, luego de dejar la Casa Rosada. Reclama, desde el llano, a sus poco obedientes aliados que paren como sea la reforma judicial que está en marcha. Y agita la “grieta” que, para ser honestos, se hace más oscura por la división en la sociedad, atónita ante algunos movimientos de Alberto Fernández. El periodista simpatizante de Cristina, Roberto Navarro, por caso, reconoció que “la desfavorable relación de fuerzas”, hace que los moderados que secundan a Alberto no se animen a tocar los intereses del campo, las energéticas y los bancos, que siguen con sus negocios florecientes mirando la batuta de un gran empresario de medios.

“Hace mucho que dejé de ser peronista”, le dijo Santilli a un cronista de Humanidad. Sin embargo, en sus venas, como en las de su mentor Larreta, corre sangre impura del movimiento que abreva en el extinto Juan Domingo. Pichetto es una ficha que está buscando engarzar en la construcción de un espacio de centro derecha sin tanta vergüenza.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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