Reflexión

Para qué mierda nos vamos de vacaciones

Una pregunta, varias respuestas. Sin embargo, lo ideal sería preguntarnos qué es lo que ocurre luego del descanso. ¿Por qué cambian nuestras sensaciones?

Entiendame la dura expresión, individuo lector. Es que para aquellos que vivimos en grandes ciudades, o en lugares transitados de gente, ruidos y problemas, el poderoso contraste entre estar y no estar de vacaciones es justamente eso. Poderoso.

Para la totalidad de la prensa turística, las vacaciones son ese tiempo de relax en el que te desconectas de la rutina y vivís feliz tu vida. Claro claro, ahora bien, ¿por qué nadie escribe sobre el día después?

Volvemos y está todo exactamente igual. El quilombo de la ciudad, la gente desesperada, la insignificancia de la vida, los problemas de familia. Y ahora algún gran escritor turístico podría decir: “pero el cambio para mantener esa paz y tranquilidad debe hacerlo usted mismo”. Si fuera así de fácil, querido vendedor, ya lo hubieran incluido en el paquete de viaje. Ah, claro, depende de mí. Pero por qué no se van a la… quiero un reembolso.

Entonces, dejando de fastidiar al vendedor turístico, llegó el momento de la pregunta. ¿Para qué nos vamos de vacaciones? ¿Para relajarnos? ¿Para conocer nuevas fronteras?

Las respuestas pueden ser varias. Pero lo que importa profundamente es la sensación. Si, aunque sea por ocho, diez, quince o veinte días, tuvimos el placer de disfrutar unas vacaciones, en la playa, en la montaña, en lagos o ríos, o en donde miércoles sea, y sentimos de lleno la felicidad, ya está. Hemos logrado el cometido.

Ahora bien, es tiempo de hacernos la segunda pregunta. ¿Qué ocurre luego de las vacaciones? Volvemos a la vida que teníamos antes. Ese es el poderoso contraste. ¿Por qué necesitamos aislarnos y viajar a un destino de fantasía para sentirnos bien? ¿Por qué no podemos tener nuestro tiempo libre, de reflexión y de descanso en nuestra metrópoli?

Quizá algún afortunado u afortunada tiene todo en la vida. Disfruta de su ciudad, viaja porque se le da la gana, y no sufre cuando tiene que volver a la Capital de los sueños y pasos perdidos. Las vacaciones son, para esa persona, la actividad de ensueño que embellece su vida. Mientras tanto, los giles con problemas, por más veces que nos vayamos de vacaciones, vamos a ser los mismos giles con los mismos problemas. Y si alguna vez dejamos de ser y tener esas molestias, va a ser gracias a un trabajo con la psicóloga, y no a causa de unas vacaciones de ensueño.

Escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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