Argentina Política

Carrera con obstáculos

La crisis - renegociación de la deuda externa mediante -, la reforma judicial, retenciones y la legalización del aborto, fueron ejes del primer discurso de Alberto ante el Parlamento.

El periodismo suele simplificar lo que es complejo. Y destacar, metafóricamente, que el presidente Alberto Fernández, con su escudera Cristina Kirchner, a la izquierda, embistió al igual que Don Quijote, contra molinos de viento que, con afiladas aspas, llevan de aquí para allá a la Argentina. Esto es, a sacudones, algunos más violentos que otros. Lo hizo hoy, a 81 días de gestión democrática, al inaugurar el período ordinario de sesiones del Parlamento. Hubo anuncios sin medias tintas: el de la legalización del aborto y el de la educación sexual preventiva. Las cámaras de televisión no enfocaron a ningún religioso, pese a los elogios hacia el papa Francisco por su lucha en contra de la codicia y a favor de los pobres. Por el contrario, la jerarquía de la Iglesia Católica está concentrada en la organización de la marcha del próximo domingo en Luján para “pedir por la protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural”,.

Mencionó otros temas ríspidos a los que sólo le faltan puntadas finales: el aumento de las retenciones a la soja, que tiene en pie de guerra a algunos productores agropecuarios de las zonas más ricas, que responden a la Mesa de Enlace, cuyos representantes también brillaron por su ausencia; la profunda reforma judicial, que modificará el funcionamiento de los tribunales de Comodoro Py (Comodoro Pus, bautizado por el ex embajador ante El Vaticano, Eduardo Valdés), que se reflejó en la presencia de apenas dos miembros de la Corte Suprema y la ausencia de Ricardo Lorenzetti (por fiebre después de regresar de Hawaii), Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti. Molestos, además, por el avance contra las jubilaciones de privilegios, que alcanza también al cuerpo diplomático.

Significativo. Más si se tiene en cuenta que cuando Alberto elogió  a las nuevas conducciones de las Fuerzas Armadas, con autoridades que desarrollaron sus carreras en el albor democrático, inaugurado por el admirado Raúl Alfonsín. La televisión distinguió a los comandantes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Nada de negacionismo hacia los responsables del terrorismo de Estado.

La crisis económica, reflejada en la alta inflación y el endeudamiento récord con el FMI y los acreedores privados, también fue uno de los ejes principales del equilibrado discurso albertista. Pero, esa moderación está abrochada a la conclusión de las negociaciones reservadas con otros jugadores de partidas simultáneas de póker. Para salir airoso y poder “arrancar” (el Fondo escribió que en las actuales condiciones “es inviable” que la Argentina pague como pactó el gobierno anterior), Alberto debe tener certeza de cuánto están dispuestos a ceder la entidad financiera internacional, por un lado y los siempre pícaros tenedores de bonos, por el otro. Y saber donde pone su baza el presidente norteamericano Donald Trump.

Sí se considera que fue un acto peronista, estuvo devaluado como articulación K pura. No hubo tanto aparato para movilizar gente en la calle. Y si bien había sectores gremiales de la CGT, organizaciones sociales, militantes de La Cámpora, en primera fila se destacaban personas de clase media que fueron por sus propios medios y se emocionaron con autenticidad ante las palabras reposadas de Alberto.

La mayor algarabía, para Humanidad, fue cuando Fernández abordó sin reparos el tema del aborto. Hubo gritos, festejos y aplausos que también partieron de las bancadas opositoras.

La presencia de Cristina fue rutilante, vestida con un llamativo rojo, floreado en sus hombros, pero ceñida a un papel protocolar. De Sancho Panza, tan astuto él.

Alberto-Cristina y los molinos de viento

Alberto rompió las reglas al salir del Congreso. Se bajó del auto y saludó por unos minutos a los manifestantes. Gesto cálido, pero mínimo comparado con el desbordante de Néstor Kirchner en 2003, cuando se abalanzó sobre sus simpatizantes en la Casa Rosada, y a golpeó accidentalmente la frente con la cámara de un reportero.

Los invitados especiales dieron un sello distintivo, en gradas caracterizadas por expresiones respetuosas. Así, se vio a Nora Cortiñas y Estela Carlotto (no a Hebe de Bonafini), Rodolfo Daer, Antonio Caló, Facundo Moyano (no al camionero Hugo), Rodolfo Baradel, Adolfo Pérez Esquivel, Daniel Scioli (como diputado y no embajador, aún), Marcelo Tinelli, Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli (en su carácter de “dialoguistas” gobernantes de CABA), los cortesanos Carlos Rosenkrantz y Elena Highton (quienes saludaron a Alberto con un apretón de manos y un beso, respectivamente).

Alberto saluda al ex presidente Menem. El radical Morales sonríe

Descartada por “default” María Estela Martínez de Perón, faltaron por estar en el exterior Eduardo Duhalde y Mauricio Macri. El único ex Presidente, jovial pese al paso del tiempo, fue Carlos Menem, quien dialogó con el gobernador Axel Kicillof y se fotografió con su hija Zulema y estrechando la diestra a Alberto.

El titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, se sentó a la derecha de Alberto. Se lo observó cómodo y sonriente en la recepción, mascando chicle, mientras el Presidente avanzaba de la mano junto a su pareja Fabiola, con un look que nada tenía que envidiar al de Juliana Awada. A Cristina algo le molestó.

El análisis del cuadro de situación expuesto por el Presidente debe enmarcarse en lo que sucederá de aquí al 31 de marzo.

Aseguró hablar con la verdad y exhortó a dejar “de ser esclavos de las fracturas que nos desunen”. Reivindicó a Alfonsín, a Juan Perón y a Manuel Belgrano. Mencionó una y otra vez la palabra reconstrucción y solidaridad hacia los que menos tienen. Y reiteró que está comprometido con la producción y el trabajo y no en la especulación financiera. Mencionó la necesidad de cuidar el medio ambiente, pero también remarcó que el despegue nacional se apoyará en la explotación de los recursos hidrocarburiferos y mineros.

Para Alberto “ya sabemos donde estamos parados”. Mañana, advirtió, seguirá corriendo la carrera con obstáculos que comenzó el 10 de diciembre. Sin buscar revancha, creyó necesario aclarar.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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