Salud Pública Sociedad

La Argentina "se cerrará" por cuestiones sanitarias

Lo avisó el canciller Solá. El Presidente Fernández, al desestimar el Estado de Sitio, exhortó a la sociedad a unirse, "pese a algunos tontos", para derrotar "al ejército invisible" de la pandemia.

Va para largo. Lo peor está por venir. A Humanidad le sorprendió, antes de las palabras de aliento del presidente Alberto Fernández, en “esta pelea de toda una sociedad” contra “un ejército invisible” (¿dónde está el coronavirus, en quién se mete?), saber a grosso modo, que la gran mayoría de los porteños cumple voluntariamente el resguardo solidario en sus casas. Y enterarse por conocidos, en contraposición, que en barriadas pobres del Gran Buenos Aires, donde hay hacinamiento, hubo altos índices de incumplimiento civil, incluso unos asaltos a supermercados chinos.

Con el eje central de la deuda externa, para lo que recibe ostensible la ayuda de Kristalina Georgieva, del FMI, Fernández apuntaba a defender a los más desemparados cuando estalló la pandemia que hizo que se calzara el barbijo y saliera a salvar vidas humanas, en lo posible sin decretar el Estado de Sitio.

“Pudimos tomar medidas a tiempo y aplanar la curva. No sabemos que calificación darnos (de 1 10) porqué no sabemos”, se sinceró hoy. Y como comandante incuestionable, en el lugar que le otorgó la historia (con la vice Cristina Kirchner y su hija Florencia regresando de Cuba, para someterse a la cuarentena), aconsejó el cerramiento forzoso, para ralentizar los contagios y tratarlos adecuadamente, sin desbordes como los que se insinúan. No todo es color de rosa.

Habló de “tontos” con poder adquisitivo que “no advierten los riesgos” y se van a pasear internamente y por el mundo y luego ruegan el auxilio del Estado para ser socorridos y regresar de urgencia al país. El ministro de Seguridad de Santa Fe, Marcelo Saín, destemplado en su vocabulario, se quejó de “los chetos” (unos 20 mil) que dejaron el país entre el 13 y 19 de marzo (con pandemia declarada por la OMS). Los tildó como “la peor cara de la sociedad”.

Alberto, a quien también a veces se le sale la cadena, no va por el camino de la confrontación. En la reunión con los dueños de medios (de la que Humanidad dio cuenta en grajeas), le dijo a Jorge Fontevecchia, de Editorial Perfil, que quería “dar vuelta la página” por los desencuentros del pasado. Por primera vez logró, después, que Clarín, La Nación y Página 12, titularan de forma que la grieta no aflorase en medio de la guerra con el invisible enemigo externo.

Agradeció a Dios habernos dado una “oportunidad” (en época calurosa) y permitir sacar enseñanzas de los errores y prácticas perniciosas detectados en Italia, España, Gran Bretaña y Estados Unidos, países que cuentan, es más que evidente, con más recursos económicos que la Argentina. No lo expresó directamente: pero es consciente que conviene mantener a Brasil como socio estratégico, pero no imitar el comportamiento caricaturesco de Jair Bolsonaro.

Evitó Alberto críticas a la gestión de Mauricio Macri (hasta pidió ser cautos a la hora de difundir versiones acerca de lo que conversó y discrepó con su antecesor). Seleccionó escrupulosamente para que lo acompañasen en la actual cruzada, al jefe de gobierno del  PRO, Horacio Rodríguez Larreta y al gobernador radical de Jujuy, Gerardo Morales, “carcelero” de Milagro Sala, según elsector kirchnerista del Frente de Todos que integra como primero entre pares. Esto es, manda. Y se le subordinan el kirchnerista Axel Kicillof y Omar Perotti, del PJ de Santa Fe. También el anti K, Juan Schiaretti, de Córdoba.

Alberto “se siente acompañado”, pese “a algunos insensibles que van a entender de algún modo y respetar las reglas de esta comunidad”, le hizo notar hoy a Gerardo Rozín.

Puso a la gesta contra el coronavirus, tácitamente, a la altura de lo que ocurrió con Malvinas, en 1982. “La lógica de estar muy juntos debe durar siempre, no cuando un virus desconocido ataque la salud y la vida de las personas”.

En este contexto, sin querer ser tremendista, el canciller Felipe Solá, avisó que “en un momento la Argentina va cerrar. Dirá: basta no entra más gente, por una decisión sanitaria”. El 31 de marzo es un hito. Pero habrá otros. Más decisivos.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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