Política

Se perdonan errores, no los diabólicos

El despido de Alejandro Vanoli de la ANSES, significa un primer reacomodamiento. Hay frentes abiertos: la pandemia, la deuda externa y la reactivación productiva y el empleo.

Errarum humanum est. Es una sentencia antigua, atribuida a ilustres pensadores. Y tiene perdón divino. Se le atribuye a San Agustín, la siguiente acotación: errar es humano, pero perseverar en él (por orgullo o tosudez) es diabólico”. Una de las promesas de Alberto Fernández, para lograr el retorno al poder del peronismo con Cristina como timonel principal, fue volver “mejores”. Con la pandemia como invitado no deseado (una especie de “bomba neutrónica”, según una de las científicas que está en la vanguardia de la lucha), hay oportunidad de demostrar virtudes y metas de unidad y trabajo inclusivo, en un planeta que está muy lejos de ser el paraíso terrenal. En ese contexto, debe leerse la patada en el traste que se le dio ayer al titular de la ANSES, Alejandro Vanoli: además de las consabidas internas, tuvo yerros garrafales, habiendo pasado por el Banco Central: señalado con el dedo acusador por el fatídico viernes en el que miles de ancianos, violando la cuarentena social impuesta decretada por la Presidencia, se apretujaron en los bancos para cobrar asignaciones sociales, fue obligado a presentar la renuncia ante el jefe de gabinete, Santiago Cafiero. Hay otras razones concurrentes que tienen que ver con la administración del Ingreso Familiar de Emergencia (ITE) y, como se dijo,reproches que se dan en la complejidad de conformar a las diferentes parcelas, desde una coalición, el Frente de Todos, parcelada.

Vamos a lo oficial. La agencia Télam, vagamente informó que el despido se debió a la necesidad imperiosa de contar con una gestión “más dinámica y cercana a las necesidades de la gente”, en el marco de la emergencia generada por el coronavirus. Que atormenta y mata y no se soluciona con la ingesta de lavandina desinfectante.

Se trata del primer reacomodamiento fuerte en un área muy sensible”, avisó el bien abastecido de noticias rosadas y parlamentarias, Gustavo Sylvestre, de C5N.

Hubo varios que pusieron las barbas en remojo. Cuando a principios de abril se desataron “errores no forzados (bancos, sobreprecios en la compra de alimentos en Desarrollo Social y recientemente el problema carcelario), Humanidad dio cuenta del “enojo” de Alberto Fernández. Por el rejunte del viernes 3 de abril, su molestia se extendió a Vanoli, el gremialista Sergio Palazzo y el titular del BCRA, Miguel Pesce, además de “puteadas” contra algunos intendentes, que recién se pusieron las pilas para que el sistema empezara a funcionar con normal cordialidad el sábado y domingo de ese mismo fin de semana.

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Gol en contra

La aglomeración de beneficiarios de la ANSES y jubilados, esta mañana frente a los bancos, violó la cuarentena promovida por el Estado. A corregir errores.

Alberto capeó como pudo el temporal, aprovechando que está en un pico de popularidad. Ensayó algunas disculpas razonables y pidió no relajarse ante el enemigo invisible. “Nos está yendo bien bajando la velocidad de los contagios”. A su costado, cercanos y no tan cercanos, le susurraron al oído que había muchos funcionarios que no lo estaban ayudando.

Hoy se supo que el alejamiento de Vanoli se debió a una “gestión lenta e ineficaz” y, cuando no, al retraso en las designaciones de los representantes estatales en las empresas privadas, con acciones en la ANSES. Una de ellas, nada menos que Telecom, del Grupo Clarín. ¿Algùn conflicto adicional con La Cámpora, quiza?

Un desencadenante (la decisión estaba tomada pero se dejó enfriar la calentura) fue la continuidad de 50 directores designados durante la gestión de Mauricio Macri: en esa lista están los irritantes (para el peronismo gobernante, Emilio Basalvilbaso, ex titular del organismo, y Miguel Ángel Toma, ex jefe de los espías, siempre en ataque constante, alimentado por el extraño ex senador Miguel Pichetto.

“No hay margen” para tamaños desatinos, se le escuchó a Alberto, quien ahora debe enfrentar el malestar ciudadano por las liberaciones masivas de las cárceles. Su ministra de Justicia y ex socia, Marcela Losardo, aclaró hoy con sentido común: “nadie está de acuerdo en sacar a violadores y asesinos seriales”.

Horacio Rodríguez Larreta, quien por estas horas (más allá de la previsible competencia política futura) ha tendido puentes con Alberto, a instancias del papa Francisco, manifestó a tono: “Es indignante que salgan los presos, mientras la gente está encerrada” por la cuarentena.

Siguen pesando y mucho en el andar del Frente de Todos – en un sistema que hace del Presidencialismo su leit motiv -, Cristina Kirchner, su hijo Máximo, el jefe de la Cámara de Diputados, Sergio Massa y los gobernadores e intendentes del oficialismo y la oposición.

Con cara de agrio cuando se le menciona que está “enamorado de la cuarentena“, el rostro de Alberto se dulcifica cuando menciona, por caso, a los jefes comunales de Vicente López y Tres de Febrero, Jorge Macri y Diego Valenzuela.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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