En tiempos de peste – no hay nada para celebrar, pero se ponen a prueba debilidades y fortalezas; virtudes y miserias -, abundan teorías y prácticas. Seguro que hay muchos científicos detrás de la vacuna salvadora, pero en el mientras tanto se resquebrajan estructuras y los más reputados intelectualmente admiten no saber nada, ante un Universo indiferente del ser humano. «Le importa un carajo», sorprendió Alberto Manguel, desde su confinamiento en Nueva York. De la entrevista de Hugo Alconada Mon, en La Nación, Humanidad, extractó para sus lectores un hecho y un deseo expresados por la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet:
HECHO: «La pandemia no ha hecho más que resaltar las inequidades. Las desigualdades preexistentes tanto entre naciones como, especialmente, en el interior de los países. se están agrandando a pasos agigantados. No es cierto que la pandemia nos iguala. Los más pobres están pagando un precio más alto que los ricos, simplemente por tener menos recursos con los que protegerse del virus. Desde lo más básico: el acceso a los servicios de salud. Millones de personas no pueden acceder a ellos o porque no existen o porque no pueden pagarlo….
…barriadas de chabolas, llámense shantytowns, favelas o villas milerias, en las que la cercanía social y la falta de saneamiento complican enormemente la implementación de medidas preventivas. Ello, sin hablar de los 700 millones de personas que viven sin agua corriente…».
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En una videoconferencia desde Nueva York, Alberto Manguel, explicó al diario El País, que «necesitamos pensar para saber que estamos sobreviviendo».
DESEO: «Solidaridad, es la mejor estrategia. Porque hay que vencer al virus en todos y cada uno de los rincones del mundo para evitar más muertes y para prevenir que resurja. Y después, solidaridad en la respuesta, centrarse en los más vulnerables, que son los que más han sufrido las consecuencias de la pandemia…
…por supuesto, cada país debe establecer sus prioridades en función de sus necesidades, pero una respuesta coordinada sería beneficiosa para todos. La pandemia es global, entonces la respuesta también debería ser global...los líderes están enfrentando enormes retos y van a tener que resolver un sinnúmero de desafíos para los que probablemente no estaban preparados…están los que aprovechan la pandemia no para mejorar su gestión, sino para reducir el espacio democrático, erosionar derechos e implementar políticas para sacar rédito político. También me entristece que haya líderes que pretendiendo hacer lo correcto, sigan vulnerando derechos, como es el caso en los que ha habido excarcelaciones con una política para evitar el contagio en las prisiones, pero no se ha liberado a los presos políticos. Hay muchas oportunidades de mostrar un real liderazgo y se han desaprovechado completamente».


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