Sociedad

El pibe quería ser periodista

No es lo mismo encarar hoy la profesión que hace 50 años. Como tampoco hay punto de comparación con lo que pasaba durante los agitados días de 1810. Pasta y pasión.

Hoy se celebra el Día del Periodista, una profesión tan relevante como cuestionada. Inspirado en el fundador de la Gazeta de Buenos-Ayres, Mariano Moreno, el 7 de junio de 1810, debería ser uno de los motores de la verdad y contribuir a la toma de conciencia sobre los graves – acuciantes – problemas que aquejan a la sociedad. Son tiempos de revolución tecnológica y contagios virósicos que hacen flotar la suciedad. Se requiere de mucho esfuerzo y responsabilidad para transitar la vida en forma más armónica y sustentable. “Todos los días cambia esto y nos encaminamos a un mundo nuevo”, ilusiona Sergio Elguezábal, especializado en temas ambientales.

Como veterano en el oficio, uno de los editores de Humanidad, se permitió rescatar la anécdota de un colega aún en actividad plena. Es para que los noveles tomen nota de cómo encarar, sin rendirse, lo que algunos pocos aún sigue considerando un sacerdocio. ¡Que antiguedad!

Por Ernesto Jackson

Estaba decidido. Quería escribir en un diario. Es más: quería jugar en Primera. Es decir, soñaba con un diario importante. Y se le dio en La Gaceta, de La Plata, ya desaparecido. El “hermano” menor de El Día. Era la época de Raúl Kraiselburd, el hijo de David. Apellido sinónimo del periodismo platense. Estaba sobre la calle 46. Era vespertino, sábana. Bien popular. Peronista. Títulos grandes y mucho espacio para escribir.

Allí estaba al frente de la tropa el legendario Lucho Bravo, típico jefe de Redacción. Panzón, desalineado, fumador, arrastrando sus mocasines agrandados.

Su escritorio estaba en el fondo, a unos sesenta metros. La “cuadra” era chica, poblada por escribas de alma. Hace de esto casi 50 años.

El chico nuevo entró a la Redacción y después de unas cuantas noticias cubiertas, Bravo le encargó una misión para examinar si tenía “pasta”.

“Averigua cuánto gasta el hombre platense en cigarrillos”, lo sacudió con energía.

Sin teléfonos, sin calculadora, a pie, recorrió el flamante cronista kioscos chicos y grandes, distribuidoras de cigarrillos. Paraba a gente por la calle. Y anotaba, anotaba. Números y cálculos. Sumas y restas. ¿Cuántos fumadores habrá en La Plata? ¿Y a quién cuernos le interesará?, se preguntaba.

Al final, se puso a escribir. Bravo lo miraba. La Lexicon 80 escupía líneas a lo loco. El papel de la máquina era un rollo que caía al piso. Le entregó el fruto de su esfuerzo al jefe.

No le gustó. “Cambia la cabeza”, le dijo la primera vez. “Dale otra vuelta”, en el segundo intento. Rehizo la nota: ¡18 veces!

Finalmente, se publicó. Pero no era la que con tanto esfuerzo había redactado. Lucho Bravo, transformó “el informe” en una crónica al estilo de La Gaceta. Lo estaba probando. Tanteando su temple. El pibe no se desmoralizó. Le puso pasión y siguió insistiendo. Dicen que llegó a Primera. Esté domingo estará festejando con una bebida espumante, a orillas del mar.

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