Literatura

El toro

Escribo esto porque tengo miedo, tengo miedo de que el toro me mate. Hoy lo he oído hablando de matarme con otro toro. Lo ha prometido, ¡lo ha jurado! Y yo bien sé que este toro cumple sus promesas.

Mi Queridísima:

Escribo esto porque tengo miedo, tengo miedo de que el toro me mate. Hoy lo he oído hablando de matarme con otro toro. Lo ha prometido, ¡lo ha jurado! Y yo bien sé que este toro cumple sus promesas. 

Quiero hablarte de lo difícil que es convivir con un toro. Esta clase de toros son impredecibles: hoy te aman, mañana te odian. Hoy te acarician, pero mañana te pegan un guampazo cuya herida se cerrará recién después de un mes. Esta clase de toros se empeña en lastimarte hasta el final; se alimenta del odio, del miedo, de las lágrimas, pero lo único que verdaderamente los sacia es la sangre rojiza que brota de uno. 

El toro que me ha tocado por azar es el peor que he conocido. No queda parte de mí que no haya intervenido con su furia. A veces utiliza otros elementos, su cencerro o algún objeto que se encuentre en el suelo; no importa pues la finalidad siempre es la misma: la destrucción. Aún no lo ha logrado, pero está muy cerca y eso me asusta. No quisiera dejar este mundo sin haber estado en otros lugares, bien lejos de este toro. 

No me malinterpretes, sé que no todos son iguales. Desde muy pequeña he envidiado a algunos toros de mis amigos, aquellos siempre estaban dispuestos a amarlos sin condiciones. Esto me parecía sumamente injusto: yo me desvivía tratando de que mi toro me amase, pero este jamás volteó a verme. ¿Recuerdas aquella clase de nado en la primaria? Yo sí, y jamás olvidaré al toro observando a la insoportable de Delmira López. Todavía saboreo con amargura las palabras que el toro me pronunció a la salida: ¿por qué no puedes ser como ella? Maldita Delmira López, maldito toro, maldita clase de nado. De todas formas, por más insoportable que Delmira López fuera, el toro nunca me habría de elogiar cosa alguna. 

En cierto momento de mi vida llegué a la conclusión de que el toro no me odia por ser yo, sino que me odia por -justamente- no poder ser yo. El toro se ha resentido con su propia vida de tal manera que siempre ha querido vivir a través de mí, y como esto no todas las veces le ha funcionado, recurre a aquellas (des)medidas disciplinarias que solo me alejan más y más de su persona.

Como bien sabes soy fuerte como un roble, pero hoy el toro me ha herido bastante, por lo que creo que necesito un hospital. Me he escondido en el armario con mis armas más poderosas: papel y un bolígrafo bien cargado de tinta. Escribir es mi manera de sanarme, es mi propia manera de brindarme amor. 

Oigo sus pasos mortales acercándose, así que deberé de terminar aquí mi relato. Realmente no pienso enviar esta carta, pero si no recibes más de mi parte y llegas a leer esta, es que el toro ha logrado encontrarme y destruirme de una vez por todas. 

Con amor y resistencia,

LD

PD: recuérdame siempre por lo que he sido y no por aquello que pude ser.

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