Argentina Política

“Si el desapego continuase traería consecuencias muy negativas”

Artemio López consideró que el voto negativo del gobierno argentino a Venezuela en la ONU fue "equivocado": es lo que hubiera hecho JxC, por ideología y base electoral.

Por Artemio López (La Tecl@ Eñe)

La búsqueda del “voto independiente” o “voto blando” fue la estrategia electoral que fracasó en el último lustro y hundió a las experiencias de “tercera vía”. Solo se mantuvieron activas y exitosas alternativas polarizadas, tanto Juntos por el Cambio como el Frente de Todos bajo los liderazgos de CFK y Macri.

De hecho el resultado de la elección del año 2019 constituyó la segunda elección más polarizada entre dos candidatos del período democrático iniciado en 1983 (solo superado por la elección de aquel año), con el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, acaparando el 88,52% de los votos positivos, casi 24 millones de votos obtenidos por ambas minorías sobre 27 millones de votos válidos totales.

La polarización extrema es entonces un hecho incontrastable. En este sentido, un dirigente no “busca” la polarización, se encuentra con ella y actúa en consecuencia (o no). El reconocimiento de la polarización “realmente existente” entonces no es una estrategia política “de diseño”, se trata de una estrategia política (y electoral) basada en “la evidencia”.

En este contexto, parece romántico, voluntarista y (¡ay!) muy equivocado, negar la existencia de un hecho social y objetivo como la polarización que recorre con fuerza el sistema de representación social, política y electoral en el país. Ahora bien, pretender “superarla” ya es una necedad de proporciones gigantes.

Con el voto del gobierno nacional en la ONU sancionando a Venezuela se pretendía superar la grieta: un voto aliado a USA, Gran Bretaña y al conjunto de la ultraderecha regional.

Artemio calificó de “error estratégico” el voto en la ONU contra Venezuela

No solo no se logró ese imposible efecto de superación, por el contrario, el voto del gobierno patentizó un notable desapego por el núcleo duro electoral del Frente de Todos, núcleo que implica un piso muy alto, equivalente al menos al 80% de los votos totales de la fuerza. Se trata de un error conceptual muy grande.

En efecto, más del 80% de los votantes del Frente de Todos tiene una imagen mala o muy mala de la política exterior norteamericana y en sentido contrario se expresan los votantes de Juntos por el Cambio donde tienen primacía las opiniones buenas o muy buenas. Así las cosas, el voto en la ONU fue un error estratégico grave también desde el punto de vista electoral.

El gobierno se desentendió del sentimiento extendido del extenso núcleo duro del Frente de Todosdonde prima el sentimiento anti norteamericano, favorable a la no injerencia en los asuntos de otros países y el rechazo a la sanción a Venezuela.

Si este episodio se reiterara y se constituyera finalmente como tendencia, política y electoralmente traería consecuencias muy negativas al Frente de Todos.

Como señalamos, la polarización existe y escapar de ella es estructuralmente imposible, solo queda elegir “en que polo” ubicarse: En la ONU el gobierno nacional votó como Juntos por el Cambio lo hubiera hecho en atención a su propia ideología y la de su base electoral.

La polarización existe y lo acontecido en el último lustro político, social y electoralmente en el país lo demuestra.

El docente universitario y militante de La Cámpora, Nicolás Vilela, en su nota “La decisión de Cristina”, señala con gran precisión lo sucedido:

“¿Cuál fue la gran discusión en estos años dentro del peronismo? El liderazgo de Cristina. La militancia decía que tenía que conducir para garantizar una oposición frontal y competitiva; el sector “dialoguista” decía que no, porque había que “darle tiempo” a Macri (es notable el eco tenebroso de estas palabras hoy) y porque la época de Cristina había terminado, motivo por el cual había que abrirse a nuevos liderazgos. Hay que decir que, “sinceramente”, la militancia tuvo razón. Cristina conduce. De manera soberana, inesperada, tomó la decisión de poner a Alberto a la cabeza de la fórmula. Nadie lo previó.

Ningún sector del peronismo ni del establishment fue a pedírselo: ni siquiera se lo imaginaban. Así que el celebrado “triunfo de la moderación” es un nuevo error de lectura de los analistas políticos. Si Cristina tuvo margen para elegir a Alberto, es porque no fuimos una oposición moderada y porque nuestra línea política conservó los votos y la representación de una parte importante de la sociedad. Esta es la secuencia que hay que subrayar: Alberto es candidato por decisión de Cristina, y Cristina tiene poder de decisión porque la militancia ganó el debate interno sobre el liderazgo.”

La polarización continúa y el liderazgo de Cristina, también.

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